12 abr. 2015

La inconsistencia de los temores.

Respira la arena, cayendo entre sus dedos.

Retumba, retumba el segundero tensando su caja torácica.

No muestra el gato sus heridas, escondido tras la esquina, lamiendo sus manchas negras. Con el látigo de la piedad el maestro hace postrarse al mensajero. Maúlla el felino a través del pozo.

Resuenan, resuenan los cortes en su amnesia.

Ahora nuestro sombrío se afila las garras. Se prepara con minuciosidad para el momento. El placer de una columna vertebral descomponiéndose en pequeños trozos que repoblarán los estragos de la tormenta.

Retumba, retumba el último trueno antes de que la noche caiga, en su último instante, sobre lo imborrable. 

4 ene. 2015

Días claros.

No hay edad sino verdades. De las verdades ciertas, las hay que no lo son tanto. Qué no tan cierta es la mentira, se mide fácilmente por la altura de los labios que pronuncian el recuerdo. El cansancio de la vejez, la seguridad de los pasos hacia la penumbra.

Echo de menos los días claros, vacíos de cargos, con sutileza en la belleza y anticuados. Como un sofá que graba en su deterioro las arrugas del tiempo, de nuestros rostros. Los días en los que las miradas eran bocetos de un mapa, dibujados por un niño.

Pero entre líneas, casi sin querer mirar, encuentras un par de huellas que te traen de vuelta.

Estás.

En esas tardes de asfalto agrietado, por las que un río fluye, lejos de llegar al mar.