25 jun. 2017

Baladas y el mar.

Con las olas a la espalda mientras caminaba por la arena, perdiendo el aroma de la piel que se despegaba de la memoria, como retazos del último otoño yéndose mar adentro.

Habían pasado demasiados años. Tuvo que descubrir el vacío de su casa para recordarlo. Ya alejado de la orilla, cruzaba la puerta del antiguo hogar. Apenas era capaz de imaginar de nuevo las risas y los llantos dentro de aquellas paredes. No fue la distancia, fueron los nuevos caminos. Fueron los tropiezos que le llevaron al mar, dejándose llevar para no sufrir. No había vuelto a saber de aquellas personas a las que quería. El tiempo había barrido todas las esperanzas que su juventud dejó sobre aquel portal y que noche tras noche han ido diluyéndose.

Todas las vidas que dejó atrás ya no eran más que dolorosos recuerdos. Sabía que ocurriría, que la vida era así y que era inevitable. Cada día se había hecho más fuerte, pero aun así no era suficiente. Vivir la derrota en silencio mientras el mar se aleja de nuevo, es algo para lo que nadie está preparado cuando llega el momento.

Tratas de dejar el aire contaminado tras de ti, despegándote de los errores. Todos los futuros perdidos te esperan de nuevo en la almohada.

26 jun. 2016

6/10

Algún día, hasta que vas con unos meses de vida en el bolsillo.

Espoleas el cigarro sobre el cenicero torpemente, haciendo notar que apenas te has llevado a los labios antes esa sensación. Huyen por la ventana las esperanzas de redimir la culpa y las luchas perdidas. Tembloroso garabateas en el diario, porque siempre fuiste más de dar estilo a la escritura que de fluidez a la narración. De esa gente que no dice nada cuando escribe, de una forma absolutamente lamentable.

Pensando que si una noche duele, siempre quedará la mañana. Hasta que se agotan y no hay previsiones de reposición. Sea entonces cuando disfrutas cada melancólico e inservible rayo de sol. Sea que fueran eternos los poemas y delirios adolescentes que aborreces, en lugar de prematura ceniza.

Es un escalón descendido cada silencio autoimpuesto, pero más hierven los pulmones al respirar la vida embadurnada de fracaso. Son las rocas erosionadas queriendo sangrar para deshinchar su estoica figura, las que cubren el desengaño. Hogueras de deseos calcinados para poder abrazar al humo por un instante. Si una noche duele, siempre quedará no abrir los ojos. Apagarse es despertar cuando no hay tiempo para sueños.




11 abr. 2016

24/7

Oscurece y el antifaz somete a las lágrimas. Se hace difícil bailar a los deseos incumplidos, sin las uñas rasgando la espalda.

En la fría hora de resguardarse bajo las mantas, cogió frío la conciencia. Entre los crímenes de la mente insana estaba destilar poesía en su sangre y dejar huella en las venas con cada latido. A la pasión le cuesta vivir con la sensatez sabiendo lo que ésta ha hecho.

La noche de máscaras se hace adversativa con el amanecer, y el mínimo rayo de luz hiere al iris. El día se hace largo porque las esperanzas son cortas, y la armonía si fuera cadáver ya estaría enterrada bajo las hojas del cerezo.

No trata el ave en moribundo vuelo de agitar las alas en balde, sino de guardar bajo el plumaje las últimas caricias del aire. 

12 abr. 2015

La inconsistencia de los temores.

Respira la arena, cayendo entre sus dedos.

Retumba, retumba el segundero tensando su caja torácica.

No muestra el gato sus heridas, escondido tras la esquina, lamiendo sus manchas negras. Con el látigo de la piedad el maestro hace postrarse al mensajero. Maúlla el felino a través del pozo.

Resuenan, resuenan los cortes en su amnesia.

Ahora nuestro sombrío se afila las garras. Se prepara con minuciosidad para el momento. El placer de una columna vertebral descomponiéndose en pequeños trozos que repoblarán los estragos de la tormenta.

Retumba, retumba el último trueno antes de que la noche caiga, en su último instante, sobre lo imborrable.