17 mar. 2018

Sótano y alfil.

Entregada la conciencia al silencio, preguntaba con la mirada qué pasaría en caso de morir hoy. No escucha a sus demonios, no cree en ellos, pero ellos creen en él. Abre la mano y se desprende de la cornisa, abrazando el viento y dejando al cuerpo ser la sed insaciable del ayer. Camina. Huyendo, va contando los segundos y los pasos. Un espejo es el sonido de cada aliento, una carta boca arriba diciéndole que ha perdido el turno.

Retuvo fugazmente una palabra, que arremetía en la garganta sangrando entre las vértebras, colándose hecha pedazos por los poros, quemando la nieve bajo sus pies. Una cometa atada a unos pasos de baile perdidos en aquella ciudad de visita. Negando con la cabeza escribía el que fue su último día, al compás de la lluvia y el rechinar de la silla al levantarse, con la fiebre de la madrugada y el calor de una bombilla.


Mate.

30 ene. 2018

De salón.


Sería de ser honestos dejar la historia y las noches oscuras para el pasado de nuestras futuras excusas. Los paseos cogidos de la mano entre la ausencia de las risas durante tanto tiempo, la orilla pendiente de ser el borde del precipicio; el caimán perdido entre la piel y sus costuras, dibujando con su camino el sinsentido de la luna sin reflejo del sol.

Dice la mirada cansada de esta batalla que sus fuerzas se fueron con los atardeceres entre la nieve; que está cansada de alzar el vuelo para caer de nuevo; que fallan las alas cuando llueven recuerdos. Dice la tristeza que embarca sin rumbo y sin testigos, con la esperanza de no volver a verme;
que tiene mil razones para renunciar y marcharse; que me lleva consigo para siempre.

Las heridas del circo eran fáciles de llevar, así como el llorar en tiempos de ignorancia. Cabía la posibilidad de equivocarse, en la inocencia y el ensueño, o de acertar como hicimos, mientras duró la vida y el tiempo.

Recuerdan cuando unas sillas vacías significaban tanto, y un viaje a deshoras era un mundo que juntos recorrían sin miedo. Sombras en las ventanas como últimos olvidos, de una agenda repleta de constelaciones sangrando, esperando a terminar su cometido. Quién soy y qué es. La levedad del silencio que dejaste con motivo y las voces que hacen temblar los cimientos de cada primavera. Quién eres. Si es que pudiera abrir los ojos y ver tu luz alguna vez más antes de partir. Qué es el sol sin reflejarse en la luna, le dice la mortalidad a un nuevo día. 

23 sept. 2017

Cada nota de baúl.

Si una despedida son silencios y en las venas queda el recuerdo. Qué memoria queda en el muro que son las mañanas, erosionándose en cada mentira escrita en sonrisas de papel. Fuego y astillas, que son las noches en el corazón, y caer en el frío es tapar las heridas que llevan la piel del cadáver que es la vida.

Pero una vez que estás ahí, a ciegas contra el mundo y sin esperanzas, puede perderse todo en un momento y levitas sobre el cristal, temblando como un recién nacido que aún no sabe respirar. Recuerda las últimas lágrimas de felicidad, o invéntalas, sonríe sangrando y despierta luchando. Contra el viento, como en cada sueño.

Sin ruta y sin vestido, a cada paso dado un universo perdido. Sin rastro de vuelta a casa, sin rastro de oportunidades en la recámara. Querías poesía cuando la vida era grande y ahora quieres enterrarte bajo las baldosas, cuando la vida es pequeña y gris.

Puede que la nota a pie de página no estuviera tan equivocada cuando decía que volver al principio era encontrar una salida.

25 jun. 2017

Baladas y el mar.

Con las olas a la espalda mientras caminaba por la arena, perdiendo el aroma de la piel que se despegaba de la memoria, como retazos del último otoño yéndose mar adentro.

Habían pasado demasiados años. Tuvo que descubrir el vacío de su casa para recordarlo. Ya alejado de la orilla, cruzaba la puerta del antiguo hogar. Apenas era capaz de imaginar de nuevo las risas y los llantos dentro de aquellas paredes. No fue la distancia, fueron los nuevos caminos. Fueron los tropiezos que le llevaron al mar, dejándose llevar para no sufrir. No había vuelto a saber de aquellas personas a las que quería. El tiempo había barrido todas las esperanzas que su juventud dejó sobre aquel portal y que noche tras noche han ido diluyéndose.

Todas las vidas que dejó atrás ya no eran más que dolorosos recuerdos. Sabía que ocurriría, que la vida era así y que era inevitable. Cada día se había hecho más fuerte, pero aun así no era suficiente. Vivir la derrota en silencio mientras el mar se aleja de nuevo, es algo para lo que nadie está preparado cuando llega el momento.

Tratas de dejar el aire contaminado tras de ti, despegándote de los errores. Todos los futuros perdidos te esperan de nuevo en la almohada.