26 ago. 2014

Sus miradas en escala de adiós.

No estoy seguro de cómo esta juventud nos permitía no adolecer los frágiles nervios de un anciano, pero así ha sido todo este tiempo. Mientras duraba el crucero era impensable lanzarse al vacío, supongo. No eras lo suficientemente francesa para ese gusto que me pierde, como la buena bebida me perdía bañando tu piel. 

Que no es cuestión de una banderas, quiero decir, sino de la forma en que movías los labios para negar, y hacia dónde iban tus ojos cuando buscabas nuevas respuestas.

Pero las palabras están demasiado llenas de nada, de pura nada. Sabes que lo bueno de ser músico es poder crear un mundo sin tener que usar palabras. Lo malo es que nadie entienda tu idioma. Comparadas con la música, las palabras están casi vacías de significado. Ahora también sabes que no volverás a tener aquel piano abriendo sus entrañas para ti. 

Qué decir, si en las carencias de un adiós tiendes la mano a una vida de aprendizaje.

Cuando la sombra de tus caderas me persiga, mis venas volverán a escribirte en mi música.