30 abr. 2014

Adhiere al dormir, desprende al despertar.

Apenas una decena de veranos a sus espaldas y ya teniendo que contar los cristales que pisa al volver a su habitación a oscuras.

Él, que solía escribir sobre otras personas, termina con su costumbre a golpe de mirar por la ventana hacia lugares vacíos. Da las buenas noches a su almohada sin tener la más remota idea de qué hora es, y tiende su cuerpo herido a ras de suelo.

Por más que trató de olvidar que sus pasos fallidos eran para siempre, el reloj es la conciencia —llegada a destiempo— de cada paso que hacía crujir los escalones.

Él, que no era sino otra persona distinta a la que sostenía en sus manos cada madrugada, se encontró con sus huellas más accidentadas entre los dedos. Sin poder escribir por haber despertado.

29 abr. 2014

Trata de ser la piel.

No puedes creer en la muralla sólo por tener los ladrillos necesarios para levantarla. No todas las aves deben intentar volar.

Crías un veneno en el pecho, con el tiempo se desprende de ti y busca un nuevo hogar. Para entonces ya tiene destruida buena parte de tu consistencia, y persiste, en la lejanía, irremediablemente mostrando su hedor.

Tiene celdas suficientes para dar cobijo a cientos de noches. Él no recuerda su miedo a las llaves y las busca en los lugares más recónditos, como si las hubiera perdido, sin atreverse a meter la mano en el bolsillo.

Que si los barrotes fueran espejos, vería todo cuanto quisiera, salvo su reflejo. 

12 abr. 2014

De guiones.

Tanto laberinto para terminar confundido, quién lo diría en un principio.

Uno, llegado a este punto, no sabe si quemar la parafernalia.

Todo esto, con el payaso de la obra perdido ya en la sombra de alguna remota esquina.

Pero la comedia nunca termina.

10 abr. 2014

Armonías III.

Eres como una escala incesante, como el vals de Doisneau,
 en sus grises, arañando ápices de encanto a cada mirada.

Con frío nace todo, mas ardiendo termina,
pero en cauce tranquilo crece, y se pierde en caminos.

 Los pasos siempre traicionan,
cuando se trata de averiguar destinos. 

Las hojas no caen solas,
por el invierno mueren
junto a la deshonra
de perecer sin crecer.

No pierde la noche las horas
del amanecer a cada día,
sin saber que destroza
y quiebra su valía.



3 abr. 2014

En cuestiones de la vida.

Con condescendencia, pero sólo así, encontraba el redimir de sus pecados tras cada jornada.
Qué querrás —le preguntaba a su destino—, qué esperarás de mí, si tanto te desconciertas cuando trato de reescribir mi futuro.

Palideciendo el umbral del destierro, una y otra vez. Ser abandonado por una condición de vida acomodada en los placeres de la seguridad emocional, no es fácil para ningún ser humano.

Arrastrando cadenas que dejaron el funeral de lo intangible, porque no sólo nosotros morimos.


«Ti voglio bene assai,
ma tanto tanto... bene asai.»