31 dic. 2012

Citrinella.

Exhorta sus cabales al borde de la locura,
para perpetrar la creación de la inspiración.

Es la roca de la pertinencia, la que su juicio desmonta,
en favor de fina llama en su tez pétrea.

El viento que mece sus horas no entiende de sacrificios,
mientras el ave emberiza se deshace en gritos. 

6 nov. 2012

Vivir y amar, por y para ti.

Lloro tu ausencia, nota a nota del piano. De las teclas que desahogan una vida por llenar, renace el calor que se alejó.

Y se aleja, sin perderse, nunca perdiéndose. Entre los matices de su luz, de su esperanza, su vida y su estrella; pasos de ángel que prescriben una danza del destino, de un amor y su principio. De un amor sin final, con su álbum de caricias apenas por empezar. Te quiero y te querré, no sólo por enseñarme a amar, sino por enseñarme a vivir amando, sentirme amado como nadie, y amarte para vivir.

Acristala las heridas del corazón la sed de su aterciopelada piel. Arropa su recuerdo y brota el frío de su ausencia.

La ausencia misma que llora el piano, porque yo me muero en las lágrimas; su no estar presente en cuerpo, pero siempre en corazón, lo llora mi alma sin cesar.

Pero del miedo a no poder rozar su piel, pervive su sonrisa, como una ola que arrastra al mar y su más pura esencia hasta el fin del mundo, allá donde la felicidad es posible, y real, absolutamente real. Y el mar acaba formando el océano de ilusión más grande jamás imaginado.

De su sonrisa a sus besos, y de su tacto a su voz, se aúnan las maravillas de este mundo. Toda tú, y solo tú; más de lo que nunca pude creer que existiera, menos aún mereciera. 

De cada segundo contigo, a cada segundo sin ti, no hay instante sin amar más, ni mundo suficiente para no estar cerca de ti. 

Siempre tuyo, y de ti por siempre, Gema.









8 sept. 2012

Mirar y perder.


Era de cientos la única con su destino escrito en la pupila. Si es que se dejaba desenvolver los párpados, las nubes apenas eran el antifaz del cielo.

Llevaba demasiado tiempo tratando de perderse entre el vodka y su infierno. De esos hechos sin resolver que no daban tiempo a discernir, ni tan siquiera entre huir o permanecer, vivía ella cada vez más.

A tientas y a mordientes, perdiendo norte, sur y el celeste siempre ceñido a sus ojos deseados.

Puede y pudo acabar, mientras tanto, su cristalina catarsis.

Se soltaran los clavos del lago que acuna su desorientación bajo las olas de la experiencia, que sí trató de rebobinar el empeño en aquella lejana compostura, ahora nada envidian ni añoran sus pupilas.

De entre todas las de este mundo y cualquier otro habido y por haber, sus pupilas son las únicas capaces de destrozar la desvergüenza de mi iris.

15 ago. 2012

Es caer, es morir.


Carta a carta,
deshoja el destino
una vida, o un cuento
de cualquier forma real.

Arrinconado,
siempre con su fe,
el niño que perdió una,
de tantas, oportunidades.

Cada calma,
de frío mezquino
que dicen, según miento
pierde toda ansiedad.

Tú abrazada
a un millón de distancias,
que no tienen salida, que dices,
son un final para una historia sin fin.

Aprendiz sea
de estos errores
su mirada incolora,
de las sin horizonte alguno.

Tenga esclava,
de deseos tu gracia,
la dignidad, de la que prescinde,
con tu levitar, con tu ser nieve en abril.

Es caer, es morir,
en la piel que tu sombra dibuja.













27 jul. 2012

La escalera y la red.

A tormento el cauce lleva, perdiéndose por barlovento la diligencia, entre la niebla.

Barcos de piel agrietada, de aquella usada entre sábanas con sabor a calabozo. De exposición, la piel, aún entrecortada, y ensalzando la pérdida de virtud alguna. 

Por la niebla y en la sombra, dejando trozos de labios y cintura, tragando el acontecer del cauce.

Noche tras noche, sucediendo a cada día; no es tanto ver el rostro como el prescindir de la ausencia. Atardecer tras atardecer, esquiva el volver a perder su guía. Noches tras atardeceres, de antes más que ahora.

Que de tanto volver en sí, perdió las alas y sonrisas diseñadas para olvidar.

Y recuenta, uno a uno, los escalones que faltan.

La red tenga piedad.

20 jul. 2012

De sí.

La espina,
el sacramento.
Un trozo
de piel fría.
Ciega
de maldición.
Inestable, 
de corazón.
Angustiada,
cada cabello.

Destinado cada erizamiento
aterciopelado de su pestaña
irascible como el bipolar.

De sus entrañas, arraigado
a golpe de claudicar
insumisión a su pecado.

A veces,
sangra por la raíz.
Incluso muere,
vive y huye.
Cuando puede huir,
junto con su piel.
Una fría escarcha
arropa aquél.
Lidiando por
y para su vivir.

De no conocer sus finales,
aprendí a saborear el fuego
inherente a sus principios.

Delirantes desde sus pupilas
a sus silencios, agrietados,
irascibles como el bipolar.

De sus entrañas,
de su raíz,
de sus pestañas,
de su vivir.


27 jun. 2012

El sepulcro de Vestal.

A donde quiera que viajen sus recuerdos; atroz, sin fin, era ese su secreto; el de aquéllos muriendo en el destello de la buenaventura.

Batallas —porque no sólo las que aúnan luchas físicas lo son—,  a miles, sin compasión.

Desenvuelvan sus sueños, como regalo a traición, la tempestad del despertar.


3 jun. 2012

Su lejanía.

Un corazón tiene, a lo largo de su latir, pasos por cada una de las cuatro estaciones que conoce una persona.

De prender mi corazón en el estío, desmida la cordura cargante sobre los labios que empalagan, aun a pesar de la consciencia, los cartílagos de su existencia.

Su devenir prescribe voluntad allá donde mi razón escolia excusas para amar en secreto.


12 may. 2012

Point finale.


La columna vertebral de toda esta desesperación es apenas un preludio del insomnio que precede al invierno.
Blande miles de veces la aguja contra el corazón, la insurrección, movida por egoísmo.
Todo ello se cierna, que las tormentas de otoño desenmudecerán al trasnoche más cercano.

-"¡Que mueran, que mueran!" -abulta en gritos la sombra más y más a cada momento.
Es día de brujas, y las llamas acarician con delicadeza las mieles del invierno más lejano.

De leer, en su verdadera proeza, la lápida la esperanza aguarda. Mire la tierra a nuestros ojos, hable a nuestros oídos y muestre su cara a nuestra espalda.

Valga sopesar la estridencia del, sin beso de despedida alguno, morir.

La correspondencia con cupido ha diferido hasta límites insalvables. 

10 may. 2012

El hijo bastardo de Tifón y Equidna.

¿Cuanta miseria puede llegar al puerto de la desesperanza tras el abandono de Jasón a Hera?

'Barco hundido', resonó de océano a océano. Si Heracles hubiera sido pasto de la Hidra probablemente ahorraríamos cantidades ingentes de dolor.

Ese dolor tan humano, ese hedor a debilidad, te quiero; te odio, nos parecemos tanto que uno ha de dejar este mundo. Dioses, maldita exasperación de la realidad.

Tengo la respuesta, respecto a la miseria. Tengo tantas respuestas, que preferiré callar. Callar hasta que mi lápida hable por mí.

Valga mi pesar, para pagar la entrada a tan preciado paraíso. 

31 mar. 2012

Derecho a eclipsar

No palpita, sino muere, la garganta de la hidra. Cuando Hércules tropieza con las nubes, embriagado por la cercanía del cielo.

La Luna y su ante, mediante, poniente y menguante; por descubrir matiz a matiz.
El ángel que redescubre al diablo y se entrega por completo a su enmienda.
Entonces, te sientes como un ángel con alas jóvenes e inmaculadas, casi pueriles.

Desafiando al destino a todo o nada.

Somos casi uno, entre los dos -como dijera la muerte a la vida-. Pero nunca seremos uno, al igual que nunca fuimos dos.



8 mar. 2012

La piel del espejo.





Estriba sus tormentos en la esperanza, que pecado tras pecado asiente a la serpiente trato a trato.
Es corrompido el camino entre el rezo y la blasfemia; perdiendo cada segundo de vida en alzar altares a la gracia de su reflejo.

Se adora, se mima; esculpe su majestuosa sombra; diríase que el sol nació para servirla.
Asevera el miedo que no quiere continuar con esta lucha, la conllevada contra el amor ajeno.

 Amarse a sí mismo es un derecho, una obligación, un placer y una medicina para el corazón. Sin embargo, nadie puede amar hasta dejar la vida en ello.
Ama y cuida el qué; no siempre ha de amarse uno antes que a nada, no siempre, ni nunca -dijo su conciencia.

Amante de las maravillas que da el delirio primaveral de la vida; pierda el sentido todo menos la belleza impregnada en la superficie de la existencia: larga vida a la espera del más allá.

Aguarda con impavidez, el otro lado del espejo, esperando a que Narcisa no ceda en su mayor dedicación. Se ama, a cada mentira un tanto más.

El espejo, la pared, sus reflejos y silencios. Amar a quien cree amarse, pero tan sólo tiene miedo de que el espejo se convierta en pared; es todo irremediablemente silencio.

Reflejos que venden vacunas contra desamores fingidos.

Su piel es la razón para todo.





Imagen tomada de la película  Säsom i en spegel, dirigida por Ingmar Bergman.






26 feb. 2012

Diario de Ixión, décima parte.

No la conoces, tampoco la sientes. No te mientas.

Date la vuelta, no pares de caminar. Aléjate, es más seguro.

Era rubia, pero ya no recuerdas qué ha podido ser de aquellos cabellos. Un día, de esos que sólo medimos los humanos, afirmó que es suficientemente obvia la falta de atracción entre ella y alguien a quien suelo llamar yo.

Tiempo y silencio ha, desde entonces, pasado.

¿Puede el Dios de la miseria afrontar su destino? ¿Podría el mar luchar contra el océano?.
Piedra sobre piedra la caída apila su particular muro de decadencia.

Abrígame, como sábanas de puro hielo. 

6 feb. 2012

Trozos de papel.

Diríase de mi que no contemplo la derrota. Más no es así, bien sabe mi encaprichada nostalgia.

Degolla el tiempo a la esperanza. Arden los ojos de leer testamentos de esperanzas acontecidas; acontecidas y perecidas. ¿Qué tiene el amor que puede sonrojar a la muerte y hacerla vacilar?.

Corazón, esa palabra tan vacilante en momentos tan indagadores. No encuentras el cofre que vela por la seguridad del deber vital. Vida, oh vida que muestra dubitativa el firmamento incluso al borde del adiós final.

La derrota de la inspiración, que es degollada, piel a piel del corazón, sin vida que perder ni horizonte al que enmendarse. Las musas no nacen; ni mueren; no huyen; pero duermen.

Duermen, como no hace la perdición.

25 ene. 2012

Para encontrarnos en el altar de los perdidos.

Rareza nº3, escriba a principios de enero, este mismo mes, una tarde.


Busca ella, pensando que jamás encontrará.

Busca él, pensando que jamás perderá.

Hoy nieva, y ninguno de los dos ha salido a la calle

Cae, cae, el tiempo como ceniza, incinerado el silencio. No tenemos consuelo, no mientras vivamos tan separados. Ayer nevó, y ninguno fuimos en busca del otro.

Cuanto tiempo perdido, que diría nuestra conciencia a la persistencia.

Tenga ella, escondidos, motivos para mentir.

Tenga él, escondidos, motivos para callarse la verdad.

Nieva y él toca el piano sin calor. 

Llueve y ella canta una oda a las nubes, sin amor.

Tiemble el suelo bajo sus pies, derrúmbense los cimientos de un hilo tendido sobre cristal ardiendo. 

Hílense sueños sin cabida en este mundo, que por soñar, el peor de los logros es enloquecer.




22 ene. 2012

El silencio de mil palabras.

Ríe ciega la conciencia, que a su pesar nos encontramos en un camino sin vuelta atrás. Malogramos el tiempo que teníamos, juntos y separados, noche mía, quedándonos desconsolados entre silencio y silencio.


18 ene. 2012

Adiós, estrella; adiós, cielo.

Finge con una mueca que no está lloviendo tras la ventana, que puede ver a lo lejos, que puede verle.

Incrédula, pero sonriente.

Amanece y no ha dormido, sigue buscando en el cielo aquello que no pudo encontrar durante la noche. Algunos mueren buscando su estrella, otros sueñan con la luna, mientras viven. En el pecado de ser soñador no hay cabida para torpes sin motivación. Esconde la sonrisa, qué estúpida felicidad, si no puedes mostrarla; qué estúpida sensación, el sentirte despierto cuando estás soñando.

Dice el cristal de la ventana que mañana dejará de reflejar las esquinas de su habitación, que ya es suficiente recuerdo de las paredes el roce cuando duerme sin darse cuenta contra el marco del ventanal.

Acoraza el corazón, no sea que antes de perderle sienta algún tipo de dolor, pues con el viento y sus devenires ya ha sufrido suficiente la sinrazón.

Cuando los reflejos marchan a lo lejos, y un pequeño trozo de armonía queda atrapado tras un cristal silencioso, la solución al acertijo suele encontrarse en el techo, donde sólo se mira con los ojos cerrados.

-Si encuentro el cielo allá arriba, me despediré para siempre.-

15 ene. 2012

Diario de Ixión, novena parte.

Tranquila -he de decirle a La Soledad- que no debes tener celos, me quedo contigo. Quiera o no, aunque parezco querer, en realidad no lo sé.

Soy como un cristal opaco que se rompe cada cierto tiempo porque alguien lo deja caer, pensando que, como no sugiere fragilidad, ¿por qué se iba a romper?. Soy como un maldito cristal opaco, no para bien, y a quién le importa si para mal.

Cuando escribo felicidad sencillamente trato de fabricarla de alguna estúpida manera. No me gusta dar lástima, o eso quiero pensar, de ahí que no haya conservado a ninguno de esos amigos a los que se puede contar todo. Cuando escribo lástima sencillamente trato de decir lástima.

Trasnocho porque quiero escuchar su respuesta, u oírla a lo lejos tan siquiera, pero no dice nada, ni un leve susurro, con el que me conformaría. Da igual -me repito-. No da igual -me callo-.

Torturarse o no torturarse, he ahí la cuestión. Que ni ser ni no ser son en sí algo de importancia.

Comienzo a creer que mientras Ixión exista, Ixión nunca vivirá, o nunca lo hará feliz, o no existe la felicidad, quién sabe más allá de la nieve que está cayendo tras la ventana.

Confesiones (IX).

Hace años que llevo meditando si estoy o no enamorado de una persona. Hoy, o ayer, o ahora, me he dado cuenta de que tantas dudas fueron porque temía lo que pudiera pasar.
Debido a quién era ella, debido a quien era yo, podía llegar a estallar un caos del que no sé cómo habría salido ninguno de los dos.

He cometido dos grandes errores; el primero, no haber sido lo suficientemente rápido, y el segundo, haber disimulado demasiado. Defecto y exceso; me explico. La inmensa mayoría de éste tiempo he tenido que disimular absolutamente, y cuando digo absolutamente quiero decir que he podido dar la impresión contraria o de indiferencia, pero ninguna otra. Sin embargo, si hubiera tenido la mente clara desde el principio, y cuando digo principio quiero decir nada más conocerla, hubiera podido intentarlo todo y más. Tuve las cosas claras demasiado tarde y cuando las tuve, disimulo de rigor como un completo imbécil.

Cuantos años de gilipolleces habrían quedado ahorrados en la inexistencia. Para colmo nunca vas a entrar y leer esto, y aunque lo hicieras tampoco te identificarías, me lo has dejado tan claro como que ahora no debería estar perdiendo el tiempo en esto.

Aunque pensándolo bien, el "qué más da" se está convirtiendo en toda una filosofía de vida. Ya no distingo entre sentir tristeza y sentirme normal, o eso creo, si las mentiras no me fallan.

2 ene. 2012

La Derniere Valse.



Vamos a apoderarnos de las ilusiones de este burdo mundo y a sobrevolar desiertos de delirios encriptados en esos momentos de enamoradiza ingenuidad pueril. Como si no tuviéramos nada que perder, por una noche.

Me tienes y te tengo, en nubes, en sueños, en mentiras sin acierto, o en ahogados momentos de viajes astrales inconscientes; tenemos un error común, en doblar siempre la esquina de la hoja donde debería poner "te quiero", aún poniendo "te deseo" o "te odio", haya un beso dibujado con rimel de labios, o nada, o todo.

Vamos a gritar sobre cada cristal roto lo que queramos tan alto como debamos y a regalar un momento surrealista a la historia de esta tétrica existencia antinatural. Como si no tuviéramos nada que perder, por una madrugada.





Fotografía La Derniere Valse du 14 Juillet, 1949 de Robert Doisneau.