28 oct. 2010

Estaciones

Cogió el último tren que pudo, aunque fuera fácil perderlo, acostumbraba a apurar el tiempo, saboreaba su desgaste, y esta vez, por importante que fuera llegar a tiempo, no sería diferente.

Demasiado frío, incluso para su gusto, había dejado el abrigo en casa una vez más, ya no podía remediarlo, es como esa pequeña parte de él que siempre arrastra y nunca logra llevar consigo, a todos nos falta un trocito de corazón.

Él se equivocó de destino, ella nunca quiso saber hacia donde fue, ninguno de los dos volvieron a ver sus caras, las palabras fueron inútiles, el tiempo no curó nada, la muerte solo fue una irremediable mofa mortal.

Pero él esperó, esperó siempre.

Y ella... ella jamás fue a devolverle aquel trozo de corazón robado...

19 oct. 2010

Más que fe.


Dime la verdad, ¿me echas de menos?

Lo dudo.

Pero siempre que dudo sé la verdad, y la ignoro, prefiero la duda. Igual que prefiero una imagen borrosa en mi memoria de ti, antes que abrir los ojos ver más allá.

Realmente soy estúpido, pero debería ser divertido si esto fuera una película tan larga como una vida, quizás una vida joven, quién sabe cuánto tardaré en cansarme de todo esto.



Bueno, ya estoy cansado, pero hay esperanzas, me sigue gustando soñar, siempre cosas rozando lo imposible, pero mantendré la idea de que algún día haya merecido la pena ser tan insensato durante tanto tiempo.

Miénteme, dime que me echas de menos, necesito escucharlo.

11 oct. 2010

Miedo


Es mi último minuto de vida, puedo sentirlo, puedo olerlo, apesta.

Nací para ser mudo, no esto. A veces la vida no se puede mirar con otros ojos, sencillamente todo está infectado y sin cura. No hay súplicas posibles, ya no.

Error tras error, pero dejé de culparme hace mucho, cuando supe que estaba muerto. Como un fantasma sin hogar, un alma que rehuyó de la compasión por ser huérfana de suspiros alentadores. Me acostumbre a ser la  rosa negra en un mundo sin color, quizás me equivoqué, pero no puedo juzgarlo ya, como todo en mi vida es algo más de lo que arrepentirse, y arrepentirse a destiempo.

Quizás, mas allá entienda porqué tantas veces he sentido la tentación de dejarme caer sin tan siquiera mirar a la mano tendida, o de tenderla solo cuando no se me imploran socorro, y acabar resbalándome, cayendo continuamente hasta estrellarme en el fondo del pozo. Así es como he tenido largas charlas con mi propio cadáver, y conozco como soy tanto vivo como muerto, me gustan ambas, están igual de muertas, en el mismo gélido, eterno e incomprensible silencio.

Guardaré para siempre algunas miradas, me aferro a que son lo único que han merecido la pena en este tiempo, eso y algunos silencios embriagadores que nunca debieron romperse, pero indebidamente, se rompieron.

Ya es tarde, es hora de irse, no hay tiempo para despedidas. Siempre me gustaron los días nublados, hoy lo es, buen día para un último minuto...