27 sept. 2010


Entró sin hacer ruido, y pidió silencio a la noche delicadamente, con el índice posado en los labios.

No sonreía, tampoco mostraba tristeza, pero no podía dejar de mirarla. Su rostro se había convertido en mi única inspiración. Soñando con soñar a su lado, una vida entera aprendiendo a respirar sin el sonido de su corazón.

Mil espejismos causados por su droga, una adicción insalvable, como un veneno mortal, lento y delirante.

Y ahora me hallo en el punto desde el que es imposible volver atrás, no hay retorno, no hay huida.

No deseo volver atrás. Deseo atravesar por completo la niebla entre nosotros.

Ella, tu, un nombre que jamás imaginé, unos ojos inolvidables, no sé si alcanzo a merecer tu mirada, no me importa, no sé si perdería la respiración al besarte, pero no dudaría en hacerlo.

Me arrancaría la piel para arroparte, pondría el infierno a tus pies, y que el frío no pueda rozarte, no el frío de la soledad.


Conciencia perdida, te doy mis últimos suspiros, en magia muerta convertidos, que van a parar a nuestro destino, aquel que una vez escribimos. 


Supongo que esto es un "te quiero".



25 sept. 2010

Sueño

Su sombra le hizo un gesto de negación, efectivamente, sabía que no podía vivir así para siempre. Pero de nuevo apagó las luces y se tumbó de lado, soportando el frío de aquella noche de invierno.




Despertó entre paredes de hielo. Caminó lentamente, pero el suelo se rompió.


Nadie pudo tenderle la mano, nadie le encontró, y aunque en realidad jamás despertó, un destello le abrió los ojos y en sueños su nombre pronunció. Lo había escuchado, era ella. Lo sabía, y se dejó hundir en lo más profundo.


Permaneció sin despertar, frío y oscuridad, no paraba de temblar, la piel erizada y la mente dormida, nadie sabe si siente ya, nadie se acercará a escuchar sus latidos, nadie dejará escapar un suspiro al pronunciar su nombre, en ningún lugar echarán de menos el ruido de sus pasos. 

Casi todo perdido.


Aún queda color en sus labios.

14 sept. 2010

No olvido, no puedo.



Una vez leí que la inspiración no se puede buscar, simplemente llega, irremediablemente, me gustaría desmentirlo pero no es así, llevo lo que me ha parecido poco menos que una eternidad buscando la forma de olvidar, de escoger un recuerdo y hacerlo añicos para siempre.

Sin embargo, si dejara de mentirme sabría que no es así. De hecho lo sé, no es así, no quiero que sea así.

Somos testigos de que el tiempo muere, lo somos y nos desquicia, ¿no es así?.

Mi tiempo muere lentamente, creo que así es como duele más, pero eso poco me importa.

Días. Más que un recuerdo.

Adiós. Odio esa palabra. 

Anhelo.

No lo puedo evitar.

13 sept. 2010

Inclinación

-Dame el último sorbo


Le acercó la copa y ella rechazó haciendo un gesto con la cabeza.

-Quiero decir que me lo des, tu.

Dejó caer el poco líquido que quedaba en su boca y la besó por un leve instante, entonces se pudo observar cómo bajaba por la garganta de la mujer el último trago.


Se levantaron como si no hubiera tiempo que perder, y marcharon.

Nada más entrar al hotel se tumbaron en el sofá, y notaron una pequeña inclinación, se dejaron caer al suelo. Ella estiró el brazo y apagó la única luz del salón, entonces le susurró al oído.

-¿Sabes que hoy será la noche más larga?


-¿Más larga? ¿Quieres decir...?


-Más larga, para siempre, sin final, tan sólo eso quiero decir.


Él no pudo evitar que la navaja le atravesara la garganta.

7 sept. 2010

Crónica de los seis infiernos

Lo echo de menos, no debería pero es así, aquellas almas casi tan corrompidas como la mía, aquel aire en el que era imposible no notar el hedor a esos otros seres como yo, que en algún momento... estuvieron allí.

Ha llegado la hora, y llegarán más y más dolorosas, pero dentro de poco serán momentos en que recordaré lo que sentí, anhelaré lo que perdí, y soñaré con lo que nunca llegué a tener.

Aquellas escaleras, aquella voz, esa imposible perdición que era día a día más enfermiza... esa enfermedad incurable que no deja quebrantar paredes y huir, es imposible olvidar, es definitivamente cruel intentarlo, pero recordar lo es más aún. Su cara oculta y prohibida nos abrasó sin remisión, y como un soldado caído e insensato nos levantamos demasiado tarde, cuando todo era ceniza.

Seis meses para morir, uno a uno degustando la frialdad con que se descomponía todo un reino de felicidad.
Seis infiernos en los que aprender a crear un nuevo imperio sin tristeza, y no poder olvidarlo jamás.

Aunque lo desees, aunque ello no te deje conciliar el sueño.