25 jun. 2017

Baladas y el mar.

Con las olas a la espalda mientras caminaba por la arena, perdiendo el aroma de la piel que se despegaba de la memoria, como retazos del último otoño yéndose mar adentro.

Habían pasado demasiados años. Tuvo que descubrir el vacío de su casa para recordarlo. Ya alejado de la orilla, cruzaba la puerta del antiguo hogar. Apenas era capaz de imaginar de nuevo las risas y los llantos dentro de aquellas paredes. No fue la distancia, fueron los nuevos caminos. Fueron los tropiezos que le llevaron al mar, dejándose llevar para no sufrir. No había vuelto a saber de aquellas personas a las que quería. El tiempo había barrido todas las esperanzas que su juventud dejó sobre aquel portal y que noche tras noche han ido diluyéndose.

Todas las vidas que dejó atrás ya no eran más que dolorosos recuerdos. Sabía que ocurriría, que la vida era así y que era inevitable. Cada día se había hecho más fuerte, pero aun así no era suficiente. Vivir la derrota en silencio mientras el mar se aleja de nuevo, es algo para lo que nadie está preparado cuando llega el momento.

Tratas de dejar el aire contaminado tras de ti, despegándote de los errores. Todos los futuros perdidos te esperan de nuevo en la almohada.