30 ene. 2014

Del transcribir.

Con las manos acariciando la piel todo es más fácil. La espalda, descendiendo, y definitivamente todo se deja a la suerte del momento. Demasiado imaginar la sensación, para que un simple roce desencadene todo un océano de sensaciones. Creía haberlo olvidado.

No hay nieve de por medio, no aún, pero tampoco la despedida de cartón junto a sonrisas frágiles.

Simplemente necesitabas una pequeña dosis de incentivos para revertir todo desvío durante las últimas estaciones. Eso era. Un infravalorado 'te quiero' esperando, y unas noches esperanzadoras jugando a transcribir mensajes en las estrellas, a traición, dulce ella.

Sal.

Frío.

De fugaces recuerdos inmortales omnipresentes, y juegos de palabras, o letras, que no llevan a ninguna parte.

Al calor, del guión continuo que escriben tus miradas, cuando no despiertan los párpados. Que ésta tierra no cese de crecer, ahora que el viento es un arma más en la lucha contra las noches que abatían el pensamiento solitario de la tempestad. Una y otra vez, una vez más, decían, rompe el hielo con apatía. De cristales que tiene el reloj fabricado, y aún así cree vencer al tiempo con mentiras. Si trasluce su rostro, batiéndose en duelo sin garantía, ni de derrota ni de vida.

Pero en una pausa escribe sus pecados, los retoma para sí, y quizás vuelva a soñarlos, como si tuviera opción de reescribir.

Eran muy pocas señales para avisar de un final tan repentino. Y un leve frío, casi apagado, terminó con la comedia.


*Texto escrito hace meses, unos dos o tres. Publicado tras leves retoques.

22 ene. 2014

Porque siempre empiezas la tormenta.

Es mi especialidad tramar literatura vana con los delirios de tu ausencia. Matar el tiempo con tu cuerpo hecho sábanas, esa espera que merece cualquier tipo de silencio en armonía con el futuro.

Entiendes que yo trazaba en mis ideales el sueño de una vida vacía de calor, pero no pudo ser así por tu culpa. No pudo, dicho desde cuando será. Con las piernas formando un lazo alrededor de un trono de madera, velando por desmoronar cada pieza del muro que tanto costó construir.

De verdad, adoraba cuando perdía vidas en París, por el simple hecho de que sabía que encontraría una inspiración después. Pero de tan simple tal inspiración, comparada con la que nos concierne, no perdono a mi asombro resguardarse de la tormenta, del trueno que desencaja la calma.

Nada de esconderse ante un vendaval tan gris; tenemos tanto apenas en cimientos.

Podría decir que el lado bueno de los errores es que no caminan hacia el frente. Con toda una vida a medio escribir, y obligados a terminar la obra, para qué perder el tiempo desgastando las mismas páginas. Si una vez fue nieve y hoy es tormenta.