27 ago. 2013

Piel.



Todo lo que puedes ser, comienza en terminar con el orgullo de las espinas clavadas.

Con sangre en las manos termino el poema de la autodestrucción que me dedica dulces sueños, en lugar de su voz, en lugar de su adictiva sensualidad. Terminas de fabricarte tus nuevas alas cuando está de nuevo quemando el sol las ilusiones. Si apenas mereciera la pena seguir adelante, das un paso tan fuerte como sea posible, con la esperanza de romper la brecha que separa la ansiedad de la libertad.

La libertad de sus brazos encarcelándote para no dejarte caer en el pozo de soledad.

Encadenando para siempre mis pensamientos a sus labios siendo mordidos por mí, a cada aliento desechado juntos. 

23 ago. 2013

A deshoras.


Con el encaje justo de la sombra con su piel, y sabiendo que he escrito su cuerpo en horas y horas mejor que ninguna otra pieza de su vida.

Justo con el placer subiendo por la cintura, se estremece cuando aumenta el calor en sus venas, se pierde entre sus brazos y sus piernas, se encuentra en su pecho, tiene todo cuanto desea.

Y no quiere dejar de conseguirlo.

Luchando a través de su cuerpo contra el sabor de sus labios y el rostro de la locura, el servirse uno a otro, acabar siendo sus esclavos.

Toda una noche en sus manos.






Principio de.

Era el caos; sus horas, sus estorbos, sus piernas desgarradas; era una pérdida completa de orden.

Por más que intentaba entregarse al horizonte, sin dudar de que el destino de aquellas olas era la esperanza, y no el frío tenue que helaba poco a poco sus huesos, por más que lo intentaba, no podía soportar la idea de ver caer su pasado en aquella borrosa inmensidad azul.

Germinaba en cuatro letras, de su nombre a su pecado, de su historia jamás imaginada, hasta el fatídico final.

Empezó años antes, ahora está enmarcado en años por venir.

Merecía carecer de olvido, así permanecerá.

A ella únicamente, pertenece el corazón maltrecho de esta guerra.

20 ago. 2013

Mar.

Eran las cortinas de la saciedad, diluyéndose como si de una ventisca en verano se tratase.

Aquel añejo "no me acuerdo de olvidarte", escrito en miseria, clavado como un arpón en los ojos de la memoria, deshaciéndose en el cuello del mar. Nuestro mar que tan lejano se nos hizo cuando aún nadábamos a contracorriente, cada uno en nuestra propia dirección, y pese a todo acercándonos peligrosamente. Con tanto peligro que el precio de haber tocado el cielo, todavía es una deuda en cada sueño.


16 ago. 2013

Criba.

Dices que no sabes cómo recuperar la estrella, pero apuñala tus manos tanto como mi garganta cada vez que uno de los dos piensa en el cielo, tan lejano ahora mismo.

Dices aquello que el corazón se empeña en no decir, en no ver, en no ser, aún soñando con que fuera de otra manera.

Poco necesitábamos, poco necesitamos, y mucho tendríamos.

Pocos idiomas serían capaces de entender nuestro lenguaje entre las sábanas, pocos, ninguno.

Sin embargo, aquí estamos.

13 ago. 2013

Vías de destinos entrelazados.

Era el terminar de aquella luz, cuando pasaron las últimas noches juntos.

Los últimos abrazos, el despedirse, el amor diluyéndose en miradas, en el aire, en sus deseos de volverse a besar y fundirse en uno. Pero el laberinto que es la vida, no tiene fin ante las puertas del destino, de sus garras y el despertar de los errores.

No hay puertas cerradas que no tengan llave en algún lugar.

Los últimos suspiros juntos, las lágrimas al despedirse, todo en aquel lugar, en aquellas sábanas, en aquella estación. Antes de primavera, antes del florecer desteñido de una melodía a medianoche, ella mordiendo su cuello y su torso, y él bajando por sus caderas. Sin miedo a llegar al amanecer sin dormir un solo instante.

Entre "te quieros", con la dulce voz de ella, y las caricias de él, perdidos entre las horas, y el tiempo, y el sueño que alguna vez vivieron. 

11 ago. 2013

El estandarte de la plenitud (2 de 2).



Camina, él tan solo camina. 

Ha desfallecido las suficientes veces como para permitirse el lujo de recrease con aquel escenario. La tumba de su fe, el amanecer en los brazos de la mujer que siempre amó, las sombras de sus errores, y las montañas de sus sueños. El Tártaro tras la lucha a muerte con la desesperanza, era todo cuando le quedaba. Sin más grandeza que la nieve hecha copos de ceniza a su alrededor. Sin más guía que sus huellas maltrechas.

Arrinconándose poco a poco entre los restos de la ciudad que una vez fue su hogar, un refugio de Titanes levantado piedra a piedra con sus propias manos.

Entonces, a pesar de tan solo caminar, comenzó a brillar en su interior el recuerdo de lo que una vez pudo llamar amor, abriéndose en dos el corazón y tendiéndolo ante la pasión que aún brotaba en sus ojos.

Antes de partir hacia sus brazos.

8 ago. 2013

El estandarte de la plenitud (1 de 2)

A cada soplo de humo contenido le sigue un largo silencio, un levitar de Ícaro antes de desplomarse.

Ha bebido el último trago de la botella antes de arder, de que la cerilla toque lo más profundo de su interior, destrozando los templos de madera, arremetiendo contra su vigilia, desplomándose en el baldío sueño.

La fe en su coraza eran poco más espejismos, a tan tardías alturas.

Su respirar, entrecortado, es el ariete con que embiste a su vacío.





*Imagen tomada de la obra "Thanatophobia", de Gaetano Pezzillo.