26 feb. 2012

Diario de Ixión, décima parte.

No la conoces, tampoco la sientes. No te mientas.

Date la vuelta, no pares de caminar. Aléjate, es más seguro.

Era rubia, pero ya no recuerdas qué ha podido ser de aquellos cabellos. Un día, de esos que sólo medimos los humanos, afirmó que es suficientemente obvia la falta de atracción entre ella y alguien a quien suelo llamar yo.

Tiempo y silencio ha, desde entonces, pasado.

¿Puede el Dios de la miseria afrontar su destino? ¿Podría el mar luchar contra el océano?.
Piedra sobre piedra la caída apila su particular muro de decadencia.

Abrígame, como sábanas de puro hielo. 

6 feb. 2012

Trozos de papel.

Diríase de mi que no contemplo la derrota. Más no es así, bien sabe mi encaprichada nostalgia.

Degolla el tiempo a la esperanza. Arden los ojos de leer testamentos de esperanzas acontecidas; acontecidas y perecidas. ¿Qué tiene el amor que puede sonrojar a la muerte y hacerla vacilar?.

Corazón, esa palabra tan vacilante en momentos tan indagadores. No encuentras el cofre que vela por la seguridad del deber vital. Vida, oh vida que muestra dubitativa el firmamento incluso al borde del adiós final.

La derrota de la inspiración, que es degollada, piel a piel del corazón, sin vida que perder ni horizonte al que enmendarse. Las musas no nacen; ni mueren; no huyen; pero duermen.

Duermen, como no hace la perdición.