25 ene. 2012

Para encontrarnos en el altar de los perdidos.

Rareza nº3, escriba a principios de enero, este mismo mes, una tarde.


Busca ella, pensando que jamás encontrará.

Busca él, pensando que jamás perderá.

Hoy nieva, y ninguno de los dos ha salido a la calle

Cae, cae, el tiempo como ceniza, incinerado el silencio. No tenemos consuelo, no mientras vivamos tan separados. Ayer nevó, y ninguno fuimos en busca del otro.

Cuanto tiempo perdido, que diría nuestra conciencia a la persistencia.

Tenga ella, escondidos, motivos para mentir.

Tenga él, escondidos, motivos para callarse la verdad.

Nieva y él toca el piano sin calor. 

Llueve y ella canta una oda a las nubes, sin amor.

Tiemble el suelo bajo sus pies, derrúmbense los cimientos de un hilo tendido sobre cristal ardiendo. 

Hílense sueños sin cabida en este mundo, que por soñar, el peor de los logros es enloquecer.




22 ene. 2012

El silencio de mil palabras.

Ríe ciega la conciencia, que a su pesar nos encontramos en un camino sin vuelta atrás. Malogramos el tiempo que teníamos, juntos y separados, noche mía, quedándonos desconsolados entre silencio y silencio.


18 ene. 2012

Adiós, estrella; adiós, cielo.

Finge con una mueca que no está lloviendo tras la ventana, que puede ver a lo lejos, que puede verle.

Incrédula, pero sonriente.

Amanece y no ha dormido, sigue buscando en el cielo aquello que no pudo encontrar durante la noche. Algunos mueren buscando su estrella, otros sueñan con la luna, mientras viven. En el pecado de ser soñador no hay cabida para torpes sin motivación. Esconde la sonrisa, qué estúpida felicidad, si no puedes mostrarla; qué estúpida sensación, el sentirte despierto cuando estás soñando.

Dice el cristal de la ventana que mañana dejará de reflejar las esquinas de su habitación, que ya es suficiente recuerdo de las paredes el roce cuando duerme sin darse cuenta contra el marco del ventanal.

Acoraza el corazón, no sea que antes de perderle sienta algún tipo de dolor, pues con el viento y sus devenires ya ha sufrido suficiente la sinrazón.

Cuando los reflejos marchan a lo lejos, y un pequeño trozo de armonía queda atrapado tras un cristal silencioso, la solución al acertijo suele encontrarse en el techo, donde sólo se mira con los ojos cerrados.

-Si encuentro el cielo allá arriba, me despediré para siempre.-

15 ene. 2012

Diario de Ixión, novena parte.

Tranquila -he de decirle a La Soledad- que no debes tener celos, me quedo contigo. Quiera o no, aunque parezco querer, en realidad no lo sé.

Soy como un cristal opaco que se rompe cada cierto tiempo porque alguien lo deja caer, pensando que, como no sugiere fragilidad, ¿por qué se iba a romper?. Soy como un maldito cristal opaco, no para bien, y a quién le importa si para mal.

Cuando escribo felicidad sencillamente trato de fabricarla de alguna estúpida manera. No me gusta dar lástima, o eso quiero pensar, de ahí que no haya conservado a ninguno de esos amigos a los que se puede contar todo. Cuando escribo lástima sencillamente trato de decir lástima.

Trasnocho porque quiero escuchar su respuesta, u oírla a lo lejos tan siquiera, pero no dice nada, ni un leve susurro, con el que me conformaría. Da igual -me repito-. No da igual -me callo-.

Torturarse o no torturarse, he ahí la cuestión. Que ni ser ni no ser son en sí algo de importancia.

Comienzo a creer que mientras Ixión exista, Ixión nunca vivirá, o nunca lo hará feliz, o no existe la felicidad, quién sabe más allá de la nieve que está cayendo tras la ventana.

Confesiones (IX).

Hace años que llevo meditando si estoy o no enamorado de una persona. Hoy, o ayer, o ahora, me he dado cuenta de que tantas dudas fueron porque temía lo que pudiera pasar.
Debido a quién era ella, debido a quien era yo, podía llegar a estallar un caos del que no sé cómo habría salido ninguno de los dos.

He cometido dos grandes errores; el primero, no haber sido lo suficientemente rápido, y el segundo, haber disimulado demasiado. Defecto y exceso; me explico. La inmensa mayoría de éste tiempo he tenido que disimular absolutamente, y cuando digo absolutamente quiero decir que he podido dar la impresión contraria o de indiferencia, pero ninguna otra. Sin embargo, si hubiera tenido la mente clara desde el principio, y cuando digo principio quiero decir nada más conocerla, hubiera podido intentarlo todo y más. Tuve las cosas claras demasiado tarde y cuando las tuve, disimulo de rigor como un completo imbécil.

Cuantos años de gilipolleces habrían quedado ahorrados en la inexistencia. Para colmo nunca vas a entrar y leer esto, y aunque lo hicieras tampoco te identificarías, me lo has dejado tan claro como que ahora no debería estar perdiendo el tiempo en esto.

Aunque pensándolo bien, el "qué más da" se está convirtiendo en toda una filosofía de vida. Ya no distingo entre sentir tristeza y sentirme normal, o eso creo, si las mentiras no me fallan.

2 ene. 2012

La Derniere Valse.



Vamos a apoderarnos de las ilusiones de este burdo mundo y a sobrevolar desiertos de delirios encriptados en esos momentos de enamoradiza ingenuidad pueril. Como si no tuviéramos nada que perder, por una noche.

Me tienes y te tengo, en nubes, en sueños, en mentiras sin acierto, o en ahogados momentos de viajes astrales inconscientes; tenemos un error común, en doblar siempre la esquina de la hoja donde debería poner "te quiero", aún poniendo "te deseo" o "te odio", haya un beso dibujado con rimel de labios, o nada, o todo.

Vamos a gritar sobre cada cristal roto lo que queramos tan alto como debamos y a regalar un momento surrealista a la historia de esta tétrica existencia antinatural. Como si no tuviéramos nada que perder, por una madrugada.





Fotografía La Derniere Valse du 14 Juillet, 1949 de Robert Doisneau.