26 nov. 2011

Odio o amor.


Era su última noche en aquel lugar, pero poco a poco, se iba acostumbrando al camino de vuelta hacia casa. Cada noche el estrecho espacio por el que vagaba parecía más oscuro. Y no es para menos, el cadáver bajo la cama de aquella habitación de hotel alquilada por semanas empezaba a balbucear culpabilidad. Y cuando éste alzaba la voz lo suficiente para hacerse audible, nuestro huésped abandonaba la habitación, huyendo, pero guardando las formas.

Hay maneras y maneras de huir de un homicidio, pero con tranquilidad, educación y una pizca de compasión por la víctima, es incluso relativamente fácil encontrar la paz aún sin búsqueda alguna de absolución.

Era su última noche, y a mitad de camino a casa, antes de emendar mal alguno suicidando su conciencia, dio media vuelta. El camino seguía acrecentando su penumbra a cada paso, a pesar del sentido contrario en su caminar, pensaba. Llegó a la habitación, y a pesar de los pesares, allí, bajo la cama, en la misma habitación donde había encomendado su alma al eterno castigo y la pesadez del sin perdón, no había cadáver alguno. Amor se había llevado a Odio, en algún momento, de alguna forma.

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Después de bastante tiempo, he vuelto a dejar algo por aquí. En realidad he seguido escribiendo, y seguiré, pero a raiz de dosificar el tiempo, he acabado dosificando incluso mi vida. Ya he decidido que, cueste cuanto esfuerzo cueste, seré, o moriré intentándolo ser, compositor.
Y a partir de ahora, mi mayor parte del tiempo dedicada a escribir se invertirá en producir cosas para los muchos concursos literarios que se dan en el país. Estoy devorando libros y más libros sobre música, dejando cualquier vicio posible que me haga perder el norte en mis intenciones, y para bien o para mal, haciéndome mayor.

Disfruten la vida, pero cada uno a su manera y elección, copiarse está mal.