30 sept. 2011

Confesiones (VIII).

Partimos de la base escueta de que ninguno de nosotros tenemos suficiente corazón como para guardar toda una vida bajo llave. Se acumulan los años, y cuanto menos duermes, más son.

No es difícil añorar el cómo se sentía uno al coger la guitarra por primera vez sobre un escenario, o por primera vez frente a un grupo de desconocidos ansiosos de música casual, llevadera, y alcohol. Más fácil aún es añorar la esperanza de volverlo a hacer. Todo aquello, e infinitamente más.

Es tan absurdamente fácil echar de menos algunas cosas.

No acabo de entender porqué me fui de allí. Sé que mi vida ha seguido el curso más correcto después de aquella caída al vacío, pero... ¿qué será de aquella vida?, la de aquella chica tras la barra, la de esas noches bebiendo compañías accidentales, de sentirse lejos pero irremediablemente cerca del mundo, tras una barra de una bar cualquiera. Cualquiera pero perfecto.

Y aquí, sin importar el lugar, me encuentro echando de menos a esa chica. Porque no deja de ser un bonito recuerdo. O porque soy de esos imbéciles que no viven en el pasado, presente, ni futuro, que buscamos la vida a cada momento, con su propia delicia, sus desalientos, y su trocito de nostalgia.

Que aún no ha llegado el invierno, y el fuego se resiente por el frío.

Tendamos a olvidar, dicen los buenos tiempos.

Tendamos a gritar lo que nos venga en gana, dice mi interior.

Con la guitarra resbalando entre los dedos.



Creo que empiezo a recordar porqué me fui de allí. No es querer alejarse, es querer gritar más alto.




Imagen del grupo 'Dead Confederate'.

23 sept. 2011

Ninfas de ensueño en tiempos de insomnio.

Algunos se dan cuenta de que su vida les queda grande, el resto, sencillamente, se equivocaron de vida.

Creo que por más que mude de ataúd, desde mi ventana seguirá sin verse la luna. Y la noche es tan larga que me sobran sueños para tenerte.

Mientras escribo el testamento de mi cordura, mientras imagino tener algo de fe en el amor, por un día más, olvidando la noche, tus noches. Sus noches. Mis sueños. 

Sigue teniendo miedo la luna a mostrarse, por si decido fugarme con ella. Todo sigue siendo incierto, en cuanto a donde despertar, para qué, y si merece la pena trazar una espiral con los trozos de vértebras que dejó aquel primer amor. 

No sé si tengo miedo o es que, vacilante, el valor toma éste por mal momento. Pero quédate conmigo, pequeña ninfa de las sombras, quédate hasta que escriba un final con los ojos cerrados. 

Pierdan mis latidos el compás de su caminar, marchítense todos y cada uno de los poros que habitan en su cuerpo, que yo, lameré para siempre los barrotes de esa esperanza que nos encierra junto con la realidad. 

Algunas vidas han ido a parar al lugar equivocado, otras, sencillamente, nunca existieron.

Ella es como uno de esos ángeles que aún esperan a tener alas.

Yo, seguramente, me equivoqué. 

Como dijo la balanza al sueño que la inclinaba hacia abajo: no te mientas a ti mismo, no cuando sólo es cuestión de abrir los ojos.

18 sept. 2011

Diario de Ixión, séptima parte.

-O cómo el mundo gira y gira sobre su propio cadáver-


Voy a tener que inventarme un nuevo Dios, porque si al menos tuviera a qué rezar, todo sería más llevadero. Pero bueno, no sería más, fácil a la larga, así es que lo dejaré estar.

Y es que quedan días, horas, contadas demasiado fácilmente, como si ya no hubiera nada entre este hoy, y ese nuevo mañana. Queda tan poco que ni tan siquiera sé si quiero dormir. Miento, sé que no quiero. 


-Venga, dime. Dime  a qué tienes miedo.

-Al mundo, creo.

Quizá es que tengo miedo a las cosas que no elijo. Y es que no odio el mundo, me gusta, pero no vivir en él, no estoy hecho para tener que dejar de temer al mundo, la vida se empeña en obligarme a dejar de temer, pero quiero temer, qué más le dará. ¿No puedo sentarme y observar? Es lo único que pido, pero supongo que el cine también cuesta dinero. En definitiva, me gusta la vida, pero creo que yo no le gusto a ella. Ni ella está hecha a mi medida, ni yo a la suya. 

Y ahora, toca retomar nuevos rumbos, como quien salta a una piscina desde lo más alto, ojos tapados y corazón en un puño. 

Miedos, benditos miedos que salvan niños de los abominables monstruos de las sombras. Los niños valientes suelen acabar saltando sin paracaídas en alguna parte.
Y otros, los que queríamos hacernos amigos de esos incomprendidos monstruos, aprendimos a tener miedo de otras cosas. Miedos que más tardes quisimos olvidar, a pesar de ser imposible. Puede que tengamos miedo a vivir sin alma, porque aquellos monstruos nos enseñaron que, aunque la vida deje de sonreír, tu alma podrá volar suficientemente alto como para dibujar esa sonrisa perdida desde el cielo.
Que en esta, llamada por llamar de alguna manera, vida, ser feliz no consiste tan sólo vivir. Que desde las sombras, y aunque no se puedan apreciar los colores, los monstruos que asustan a los niños tenemos nuestro corazón y nuestra pequeña alma. Aunque estemos locos, aunque no podamos vivir como lo hacen los bendecidos por la fe humana en sí mismos. 

Y por todo esto, a veces, tenemos que coger una maleta y una guitarra, o un violín cuando podamos pagarlo y tocarlo, y exiliarnos en alguna remota esperanza. 

Para cuando queremos salir de nuestras sombras, el mundo ya nos ha aterrorizado con su frialdad.

Dicen las nubes que el tiempo cambia cada estación, veremos si es verdad.

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Y sentirse así, de vez en cuando. Obviando motivos, bebiendo sinrazones, gimiendo gritos. Justo así.









14 sept. 2011

Abfluß mich VII (Desángrame VII): Sueños.

Recuerda.

Que no puedes conseguir todo lo que quieres, y pierdes momentos de vida a cada beso equivocado, pero no quieres aprender nada sobre la vida, porque aborrecerías su simple aliento.

No estamos aquí para ver que hay momentos en que replantearse un porqué, simplemente muerdes el cariño más sincero posible para ver cuan brillante es su sangre.

Y pasan días, acompañados de meses, y esa hemorragia que arrastra nuestro amor secreto mejor guardado, se pudre. Amores a gritos, hemorragias secretas. Si no me desangraste a tiempo, quizás es que hiciste cerrar las cortinas antes de ver cómo podía acabar tan incierta función. Te inventas un guión a destiempo, actúo sin mirar a los ojos el tiempo restante, cae la noche y seguimos buscando el sueño perfecto, un sueño que no cuente mentiras como nosotros.

Basta con creer que podemos ser algo más, para plantearnos que también podemos disfrutar tan sólo de la idea, y alejarnos del sabor agridulce de la vida, caminar sobre ríos muertos y empequeñecer grandes nostalgias de hoy, algún mañana esperanzador. Mientras creemos, amamos mentiras.


Por un beso de terciopelo cristalizado, se desangran corazones de piedra.


Deja de soñar que podemos soñar juntos, quiero tener pesadillas, con o sin ti.

Recuerda esto, y házmelo recordar.





















3 sept. 2011

Tiritas a contraluz, parte dos.

No quiero seguir bebiéndote poco a poco.

Que no quiero seguir parado frente a ti como si no quisiera devorarte, querría decirte.

Pero por querer, si decirte adiós fuera medicina para el desamor, quisiera enfermar por completo.

Desde que las cosas giran en un sólo sentido, hemos perdido demasiado la noción del desprecio hacia el contrario. Pero para qué arrepentirnos, si tenemos la oportunidad de atravesar el mundo y volver cuando y como queramos al punto de partida.

Ni hoy ni mañana es tarde, porque siempre será ahora.

Aquí y ahora, amargo pero dulce.

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