26 ago. 2011

Ensayo sobre la brisa.


Érase una vez, en uno de tantos lugares, una hoja mecida por el viento, un ligero y tenue viento. Llegó la hoja a su destino tras decenas de días, suficientes para haberse alejado tantísimo como un pájaro en plena migración. Vacilante el balbuceo sonoro de la hoja contra el suelo de un parque cualquiera, se hizo el silencio. Así, para cuando éste se rompió, rompíase la hoja en mil pedazos, por el frío del siguiente invierno.

Llegan las tempestades, llega la nieve, caiga o no hasta el suelo íntegra; y los castillos de arena se desmoronan hasta convertirse en poco más que un estorbo para la vista. Sin más que torres de papel para creer ponernos a salvo, los días de lluvia incansable la brisa recoge los pedazos.

Somos como hojas, que se pierden en las fuerzas de la vida, hasta encontrar un lugar donde mentirse a sí mismos bajo propia voluntad, ya que no han podido buscar mejor destino. Cuantos más errores, más nos dejamos llevar por la brisa. Ayer era por miedo, hoy es por resignación, mañana será por miedo de nuevo. 

Y entre tanto, de vez en cuando, envidiamos un poquito a esas hojas que lucharon en tiempos de vientos fuertes. Pero conservar la posibilidad de planear mecidos por la suerte del tiempo y su, siempre puesta en entredicho, capacidad de curación, nos deja un pequeño rastro de esperanza para mañana, que si hay voluntad suficiente, quizás, sin tener en cuenta la suerte, decidamos engañar a la brisa.


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«Mientras las cosas son realmente esperanzadoras, la esperanza es un nuevo halago vulgar: sólo cuando todo es desesperado la esperanza empieza a ser completamente una fuerza.»

Gilbert Keith Chesterton.

25 ago. 2011

Horizontes.


En pie, sin huir.

Porque no quiero alejarme más. Aunque bien sabe ella que nuestros barcos hace tiempo que se perdieron en horizontes opuestos, desliza una esperanza sobre la pupila cuando se observa frente al espejo. Una esperanza que el espejo guardará para siempre, y que si cree como creo que cree, en un final tras el final de finales, puede que así, y sólamente así, la pupila se acerque lo suficiente al espejo, tanto, que pueda la esperanza tocar en verdad la pupila, y no sólo reflejarse en ella. Hasta que un horizonte muera donde nace el otro, y no importen los mares cruzados. La vida que siempre quiso ver morir, muere bajo el mismo mar sobre el cual la vida de sus sueños nace.

En pie, ahogándose poco a poco, sin huir.

Palpita el miedo en el búho, que permanece aguardando la señal del día, del sol y la luz que fueron guardados en un cajón bajo llave el día en que las historias de príncipes y princesas eran escritas con tinta invisible. A tientas descubre la razón que ha perdido tantas batallas como ha presentado últimamente, razón que, vacilando, rinde en silencio. A pesar de que no hace demasiado la vida era un mar de costumbres, sin mareas, sin miedos, sin horizontes que perdieran nada. Son tiempos de elegir, de nadar o ahogarse, de postrarse frente al horizonte o apartar la mirada.

O huir, siempre quedará huir, que al fin y al cabo no ha sido tan mala opción hasta hoy -decíase el prisionero de los espejos y los horizontes, antes de partir.



19 ago. 2011

Tiritas a contraluz, parte uno.

Siento que no sea invierno cuando sería fantástico que lo fuera. Lo siento, pero sólo porque ardo más de lo normal, tan lentamente como si imaginara cada momento antes de suceder. Pero para que lo sepas, y nada más, estoy cansado de luchar conmigo mismo, que son tiempos de paz, y a la paz le falta un buen trozo de felicidad.

Y si es necesario, fabrico la felicidad a base besos robados en miradas. Sea hoy, sea mañana.

Diría que partiéramos hacia lo imposible, mientras el viento no venga de frente, pero el miedo a quedarse sólo en un camino tan largo es insoportable.

Y, si siguiera siendo necesario, fabrico la felicidad a base de miradas robadas en besos por nacer. Sea la voluntad de lo imposible, o no.

Pero mejor, intentaré que el mundo gire tal y como debe girar, y cuando menos se lo espere, justo entonces, saltaré tan lejos como pueda, agarrándote de la mano.












-Fotografía por damndog

17 ago. 2011

Confesiones (VII).


A veces, siendo esas veces un número que aumenta en una proporción descomunal, me replanteo seriamente mi propuesta personal de pacifismo. Un personaje llamado "Papa" no tiene mejor entretenimiento que hacer con su anciana vida que pasearse por el mundo, gastándose cantidades desorbitadas en sus putas e irritantes visitas. Pero para qué andarnos con explicaciones sobre quién narices nos ocupa, por desgracia sabemos muy bien de quién estoy hablando. Pero no deja de ser curioso, me gustaría saber cuantos millones de personas van a ver a ese obrero que cobra una miseria, después de trabajar incontables horas para mantener a una familia. Ninguna, digámoslo ya. Cómo voy a tener esperanza en un mundo donde millones de personas, a las que insultaría ahora mismo si no fuera por un mínimo de respeto, mueven su acomodado trasero (crean lo que crean de sí mismo ellos) para ver a un imbécil (o hijo de puta, porque listo debe ser) promulgar solidaridad, la misma solidaridad con que se limpia las lágrimas de risa al pensar en el Dios que abandera. Venga, creamos que Jesucristo existió y después, justo después, creamos que un grupo de ricos entre los que rara vez se encuentra tan siquiera una buena persona, predican su ejemplo. Yo, creo que ahora mismo un suicidio sería la única forma de entrar en el cielo, cualquier Dios entendería el acto y lo encontraría adecuado.

Lo siento, lo siento de veras, pero a veces quiero creer en un Dios, y la Iglesia no me deja. Y ahí, entran mis dudas sobre cuánto soluciona un pacifismo, si no sería mejor renunciar a él y, qué coño, por el Unicornio rosa volador, inmolarse con una bomba atómica en el Vaticano.

Por suerte la vida puede dar una visión muy amplia de las cosas. Hay grandes razones para reprimirse en algunos momentos y, a cambio, reprimirse en muchos más. Por ejemplo, jamás compartiré valores con aquellos hombres que golpean o llegan a apalizar a mujeres, la mayoría por el simple hecho de que a falta de miedo (por superioridad física), creen tener valor. Por supuesto, también hay mujeres que propinan palizas a hombre, pero el significado es el mismo, más claro. Pero por otra parte, no consideraré "no pacifismo" el evitar ese tipo de cosas.

Y así es como me hecho la promesa de que sólo romperé si es necesario la promesa de pacifismo, para salvar vidas si así puedo algún día. O quien dice vidas, dice simplemente abusos físicos. Y si me cuesta mi vida, moriré bastante más feliz que la mayoría.

Que las promesas duren para toda la vida, es tan difícil, que me conformo con que ese pequeño hombre hilarante viaje un poco menos. O algún día me convertiré en un viejo gruñón que no cesará de escribir textos repletos de ira reprimida y oxidada.

De nuevo, lo siento, por quien cree en Dios, porque no se merece que exista algo como la Iglesia, por quienes reciben abusos a base de violencia, y por los que no son capaces de reprimirse ante este mundo tan lleno de injusticias, aunque de estos últimos más bien siento el hecho de que algún día se inmolarán (metafóricamente hablando) a cambio de un pellizco de justicia.

Paz, amor y justicia, no debe ser tan difícil. 

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Esto quizá sirva como prólogo, no dentro de mucho, de un nuevo intento de Blog, más llevado al plano social. Aún está por preparar, no quiero que pase como con el antiguo intento de Blog de cine.

15 ago. 2011

Diario de Ixión, sexta parte.

Hoy he leído algo sobre que los buenos escritores usan palabras pequeñas para contar grandes historias, mientras que los malos, usan grandes palabras para contar cosas insignificantes.
Soy un gran defensor del uso de palabras "grandes", así es que en cierto modo me di por aludido. Hasta que razoné, yo no soy escritor. No lo soy, igual que no soy músico. No soy nada aún, ni nunca he sabido qué desear ser.
Y el tiempo, como siempre, traicionando, aunque eso sea lo de menos.

Estuve apunto de escribirte una canción, pero soy todo un profesional en no saber dedicar cosas, o de hacerlo y que sean un pequeño gran indicio de catástrofe, todos y cada uno de los intentos de dedicar algo, si, sin excepción, lo han sido.
Así es que, esta vez simplemente dejaré que la rueda siga girando, hacia ese fantástico lugar, llamado "ningún lugar":

Al fin y al cabo, si apenas soy capaz de hablarte, de no huir de ti, ya no es tan grave lo que pueda hacer a partir de ahora. Como decir fríamente lo lejos que me iré pronto. Y lo siento, de verdad, pero nunca me he creído capaz de romper lienzos perfectos para colgar mi propia esperpéntica obra.
Marcharé y buscaré, buscaré tan lejos como pueda, y encontraré un hueco, seguramente en un pequeño rincón, donde colgar mi obra, maquillada, ligeramente adecentada.
Donde no moleste.

Excepto si me dices que calle, y me olvide de todo esto, que hagamos que todo sea como nunca ha sido. Quizás encontremos algo que desear ser. Quizás deberíamos tatuarnos la vida que nunca hemos tenido.

Si bebo, sé que me resultará más fácil no hablarte, porque funciono al contrario de cómo lo haría alguien usualmente. Y cuanto más lejos y mas bebido, más fácil todo. Como dejarte caer, a veces, cuando sabes que dolerá menos la caída así.

Hay muchas estrellas fugaces, demasiadas, para ser una noche tan oscura.

12 ago. 2011

Historias de Hipsípila.


Cariño, pídeme el veneno antes del postre.

Y es que tengo prisa, prisa por destrozar más corazones hoy. Porque si no somos capaces de construir nuestras vidas, seamos aprendices de —con restos de valor— destruir, destruir, y continuar destruyendo. Cielo, creo que hoy he dejado algún resto de ti que no pretendía dejar.

No lo intentes. Por más que despiertes, no hay luces nuevas en el camino, ya se encarga un servidor de apagarlas. No sea que tengas alguna esperanza nueva, que los leones ya andan servidos de comida.

Pero nunca está mal dejar sangrar hasta el límite, así se guarda mejor recuerdo de las heridas. Porque no somos ningún tipo de animal, lo nuestro es el dolor por placer, tener algo que sentir para siempre, ya que no es amor, que sea —al menos— profundo.

Y algunos se dignan a decirnos que drogarse tanto no debe ser bueno, pero, estando en el siglo que estamos, juro que llevamos las drogas en los genes, incrustadas, como herradas en la piel del corazón.

Nosotros nos drogamos a base de sufrir, que no se diga que no podemos soportar torturas en silencio. Ayer te besé y sangraste más de lo normal, debí morder demasiado, pero no lo siento, me encantó, porque te encanta, porque ni podemos ni queremos evitarlo, ¿verdad que no?.

Definitivamente es cierto que no todo el mundo puede entender a los demás, y que si estás mintiendo, las palabras llegan incluso más lejos que en cualquier otro caso.

Pero ánimo; juraría que este tipo de juegos son los que traen la perdición a quienes aún creen en la amansada cordura de esos seres hipócritas con cuerpos humanos. Juraría.


Que yo, marcharé a jurar sentimientos al lago de la desolación; aquel lago, con aquellos reflejos. Aquellos, que no estos.

Hasta que pueda ser yo quien viole a mi pasado, y queme palabras que no deberían haber sido escritas. De ser, que no existir.



Como ángeles que no pueden mirar de frente, como esas historias sin final feliz que acostumbran a terminar demasiado pronto.




Fotografía de Frances Bean Cobain, tomada por Hedi Slimane.

9 ago. 2011

Que si te quiero, dispara, dispara sin consuelo.

No me dejes quererte.

Pero no me dejes ir. Nunca.

Que si te quiero, si logro quererte de verdad, destruyo el mundo a cada latido.


8 ago. 2011

Hablar con tu ausencia.



Creo, sin riesgo a equivocarme, que me convertí en un poeta frustrado desde que comencé a tenerte en mis sueños. Violaste cada verso que podía darte, dejándome, tirándome, olvidándome, en algún poema desolador, esperándote. Y ahí sigo, años después, escuchando las historias del viento que dice haberte rozado, mientras pongo esa cara que tanto conoces, esa que se escondía de cada mirada. Esa misma que no recuerdas, aunque yo quiera creer que si.

Hace mucho que no te abrazo, hace demasiado que no te miento, hace tan poco tiempo de verte ir, y hará tanto hasta que vuelva a abrazarte, mentirte, y despedirte...

¿Sabes qué? Odio el sol, tanto como creo que amo la luna. Porque el sol te aleja, y porque no sabemos caminar, ninguno de los dos, durante el día.

Y caminar, caminar de verdad, realmente podría jurar y perjurar no recordar la última vez que lo hice. Tropiezo tan a menudo que intento aprender a volar por miedo a que salgas corriendo, y no poder alcanzarte.

Quiero creer, de verdad, que mañana ni tu ni yo somos quienes somos ahora mismo, nunca lo hemos sido. Que nos conocemos, nos enamoramos, nos perdemos en la pequeñez del mundo, pero juntos, y deja de existir un ayer o un mañana.

Necesito un poco más de fe en lo imposible para no soltarte.

Hoy no es el día, pero mañana juro que lo dejo. Dejo de intentarlo, y lo hago. No sé si han dado las doce aún.

Tengo miedo incluso de respirar, porque no quiero que continúe el tiempo más, y llegue un segundo en que no estés aquí.













6 ago. 2011

Confesiones (VI).

Todos tenemos problemas, y tanto contarlos como no hacerlo, es otro que se suma.

Tengo problemas psicológicos, una incierta fobia social, y una ansiedad leve pero constante y casi imposible de evitar. Y aún quedan por concretar muchas cosas más, no tengo valor de hablarle de misantropía a una persona, es demasiado irónico, supongo.

Tampoco he tenido nunca padre, y esto no estoy seguro de haberlo "confesado," o no, alguna vez antes. Ni padrastros, ni nada parecido. Es un chiste genial ver cómo a un psicólogo le dices que nunca te ha afectado, sonríe, y olvida para siempre el tema. Gracias por recordarme que mentir es fácil ante la mayoría de las personas.

Estoy apunto de ponerme a estudiar Historia y Ciencias de la Música, suena genial, desde luego. Pero para quien lo dudara, siempre está el toque personal que da la vida presente, muy presente. Desde muy pequeño los médicos diagnosticaron en este maldito loco un problema auditivo, dividido en varios problemas a su vez. Y es que no sólo debo tener un 10% o algo más de audición normal perdida (nadie se da cuenta, no puede ser mucho más), sino que para colmo, existe una probabilidad, según los médicos aleatoria, incierta totalmente, de que un día, porque sí, me quede prácticamente sordo. Seguramente el día en que mis oídos se cansen de escuchar el ruido de tanta respiración.

Y uno, después de tanto, se da cuenta de que para qué tener fe en un Dios, pudiendo tenerla en uno mismo.

Ansiedad y fobia frente al mundo no me ha impedido nunca tener amigos, que le jodan al sentirse sólo, todo el mundo se siente sólo de vez en cuando, y si no, es que está demasiado acompañado.
Nunca he tenido padre, pero no me ha importado hablar de "mis padres" como si tuviera, muchísimas veces, o que más de la mitad de mis amigos ni se hayan dado cuenta. No puedo culpar a nadie de eso,  en todo caso, agradecer a cierta persona en el mundo haber tenido el valor de cuidar a dos animales como mi hermano y yo.
Quiero, y seguramente acabe haciéndolo, dedicar mi vida a la música y el cine, aún sabiendo que un día, sin remedio, puedo dejar de escuchar casi por completo. Peor lo pasaría Beethoven, maldita sea.

Que le jodan a todo, esa es la frase, y la intención. Toca vivir, que para eso estaremos muertos algún día.

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"Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haber conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas." 


Holden Caulfield, The Catcher in the Rye

Desahogos.

Duerme, y si mañana te levantas con ganas de quemar el mundo, o gritar tan fuerte que destruyas algún planeta lejano, no te plantees demasiado hacerlo, o acabarás llevándolo a cabo.

Ya sea porque hay demasiada gente en el mundo que carece de empatía, o porque la lectura comprensiva es tremendamente complicada para la mayoría de los jóvenes de este planeta, y no quiero imaginar dentro de unas cuantas generaciones más; ya sea porque los valores humanos deberían evolucionar en lugar de involucionar, o porque la guerra sigue prevaleciendo por encima del amor, o que darse cuenta de los errores es demasiado acto de maduración para la inmensísima mayoría de las personas que conozco.

Sea por lo que jodidamente sea, a veces, algunos malos días, dan ganas de quemar el mundo. Y personalmente, poco me importa estar en él, sé bien que ardo más que el fuego, cuando quiero, o aunque no quiera.



¿Donde está el saco de boxeo cuando hace falta?.

3 ago. 2011

Loca justicia.

Nunca quiso ser un asesino, pero si la vida se lo exigía, él no era quién para negarse.

De acuerdo, en el fondo lo estaba deseando. A los seis años presenció su primera paliza, a los ocho recibió una de muchas que la seguirían en años posteriores, a los nueve, presenció brevemente su primera violación, a los doce vio cómo una persona moría a manos de otra, literalmente, en las manos que apretaban más y más el cuello de la víctima. Y a los dieciséis, fue encerrado por un robo que nunca cometió.

Nunca quiso tener nombre, para él la vida era el conjunto de todas las vidas existentes en la tierra, no se podía dividir de una forma tan fría. Sin embargo, era consciente de que esa vida que era un todo, tenía grietas, cicatrices, desde los talones hasta las cejas.

Pero al fin y al cabo, ¿qué son las grietas en una vida sino enseñanzas escritas a fuego?.

Pocos años después, sin cumplir aún la veintena, fue adoptado (dejemos a la imaginación qué ocurrió con los padres, pero nada agradable) por una familia rica, muy bien posicionada, que buscaba, ante todo, el darse a conocer como una familia solidaria. Era de suponer que era su manera de publicitar su lado bueno, alejando el resto de ellos mismos al público.

Y las tormentas, que gritan tan sólo cuando no les queda otro remedio, vinieron a él. Que buscar la salvación era cosa de niños, era algo que supo sin llegar a ser adulto, o que los días soleados mienten muchísimo más que cualquier cielo nublado.

Llegando así a un día, cierto día en el que el cielo estaba tan nublado que no pudo resistirse. Y cuando dio de arder a la mansión en plena cena familiar, se sintió obligado a hacer un par de fotos, para que vieran que él solito podría recordarse lo que había hecho, y es que, quizás, no tenía hueco para más grietas.




Pero después de todo nadie sabe de las fotos, y es que tal vez si se enteraran pensarían que estoy, digo está, loco.

Así es que...




Shhh.