29 jul. 2011

La sonrisa. (Je t'aime.)


Ella quería viajar, yo también. La única diferencia es que su sonrisa podía llevarla a cualquier parte, incluso a destrozar mi corazón. O darle vida, todo es cuestión de cómo sonreír.

Un día me propuse volar alrededor del mundo. O mejor, caminar, a su lado. Sin mirar, que ser ciego no es tan malo cuando sientes suficiente.

Su mirada podía ser más perfecta, pero entonces perdería todo el encanto que posee. Ser perfecta es demasiado fácil, mucho más que tener su encanto.

Un día me prometí que le mantendría la mirada, fijamente. Aún no estoy loco, no pude hacerlo. Pero juro que un día lo haré, temo por mi vida.

Recuerdo que, cuando estábamos vivos, llegamos a dormir una noche en un castillo, en la cima de una colina, junto al mar. O debí soñar todo aquello, excepto cuando me lancé a las olas desde lo alto.

La cuestión es que, un día, morí por vivir junto a ella, y desde entonces, no sé diferenciar vivir de morir, pero sé lo suficiente.

Je t'aime.









Imagen de la película París Je t'aime
concretamente del corto Faubourg Saint-Denis filmado por Tom Tykwer



26 jul. 2011

Confesiones (V) sobre la frialdad y los inviernos pasajeros.

Soy un romántico reprimido. ya está, dicho. De esos asquerosamente empalagosos, sí.

Estoy enamorado del arte, de París, del Sena y sus puentes, de Nueva Zelanda e Irlanda. Del cine, y algunos momentos que ya quisiera la vida real poder dar. Enamorado de la belleza de una forma que me da vergüenza incluso expresar. Enamorado del amor, de una forma que no sé si en otros tiempos ha sido común, pero desde luego en este no. Enamorado de la música, porque un violín puede callar al silencio como las palabras sólo sueñan con ser capaces, o porque un piano llora de forma más sincera que ningún ser humano que haya conocido nunca.

Enamorado de la lluvia, y de caminar bajo ella, sin un maldito paraguas. Y acostumbrado a alejarme lentamente, en los días de tormenta.

Sueño con algún día componer algo tan grandioso como lo es para mí la novena y la quinta sinfonía de Beethoven, o el Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky. Pero de momento, me conformo con soñar escuchando tales obras.

Puestos a confesar, sé que soy heterosexual, pero no podría negar la bisexualidad. Pero sólo puestos a confesar, porque realmente me cuesta entender que a nadie le importe si alguien tiene una relación con un hombre o una mujer. Si el mundo fuera ciego por completo, otros ojos juzgarían.

Me encanta desentonar, supongo que me ha sido tan fácil a lo largo de mi vida, que le he cogido gusto. Ah, y le estoy cogiendo el gusto tanto a la danza como al boxeo, para complicar un poco más las cosas.

Creo que este año me marcho tan lejos, porque aunque me duela muchísimo, y haya estado apunto de derramar lágrimas de pensar en no ver a ciertas personas por mucho, muchísimo, tiempo... debo volver a retomar una vida que dejé tirada por el suelo en algún bar, alguna noche perdida. Como empezar de cero, solo que ya es demasiado tarde para tal cosa. Y lo siento, de veras.

Poco más queda, que esperar a otro invierno más. Sólo espero que el frío no congele demasiado algunos aspectos de la vida, incluso yo, que adoro el frío.

Pero también las chimeneas.

Y los abrazos.

Y el silencio.

Pero sólo a veces, sobre todo el silencio de los besos.

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25 jul. 2011

Jugar a perder vidas en París.

De acuerdo, tú me recuerdas que no sé a qué saben tus labios, yo guardo en silencio ese futuro que nunca será presente ni pasado. Recuérdame la próxima vez que, si cometo un error, éste sea definitivo, las cruces son más llevaderas cuando te has desangrado por completo.

Tan sólo mi almohada y mi ventana saben que llevo demasiado tiempo sin contar a nadie nada de cuanto siento, a veces creo que estoy loco, la locura me dice que no quiere saber nada de mi, que te lo cuente a ti. Tu me dices... nada, no me dices nada. Y mira que siempre me gustaron los silencios, y me gustan, de hecho, pero contigo los sufro, dime por qué, pero como si no lo supieras. Y vale, también admito que no lo sabes por seguro, soy imbécil, pero sólo en siglos como en este, juro que en otros he sido más valiente, o eso creo. En realidad nunca he podido creer firmemente en la reencarnación, creo que tu a veces sí, ojalá pudiera yo. Con creer tan sólo que en mi siguiente vida podría tenerte, moriría de amar esa vida.

Voces como notas lentas de piano golpeando una y otra vez las paredes de un alma que jamás ha sabido cómo gritar lo que siente, pero ya da igual, y antes, hace mucho. Por todos es sabido que hay quien se muestra como el hielo, y cuando muere, es visto exactamente igual que en vida, esa persona nunca supo abrir el corazón lo suficiente. Los diamantes bajo tierra no se aprecian, no poseen valor, casi ni existen.

Por todo cuanto significa esta vida, no me importaría dejarla pronto, ni tarde, en el fondo creo que mi falta de temor ordinario se debe a eso mismo. No tengo la culpa de no apreciar cuánto significa una vida como la mía, y es que pienso que, salvo sentimientos, el resto se lo podrían llevar los leones. Y los sentimientos acabarán como arena de desierto.

Nunca me gustaron los desiertos, prefiero París y el río Sena. Es uno de esos lugares a los que quisiera ir y enamorarme. Quisiera, pero pocas personas sabrán, tan siquiera, que he querido eso siempre.

Que las lágrimas que nunca nadie me ha visto derramar sirvan a la muerte como juramento de que he amado con todo mi maltrecho corazón.


21 jul. 2011

Calla cuando abrazas.

Hoy no reconozco su pelo, ni siquiera lo he rozado, pero sé que no está igual de suave. Está nerviosa, está triste. O sencillamente no está, no en ese lugar. -Las raíces, de alguna forma, se mecen con el viento. Hay cosas que no se pueden enterrar lo suficientemente profundo-

Es tan de madrugada que el frío es natural. Hace tanto frío, que hace dar abrazos, abrazos que queman.

-Quémame.


-Calla, y abrázame, imbécil.

Abrazar, algunos sólo saben abrazar. Y otros besan, sólo saben besar.
Yo sé hacer las dos cosas como nadie -soñé demasiado con ello-. Pero hablo, sólo hablo, y callo, callo cuando me abrazas.

Porque no sé cómo hablar, porque no existe un idioma para esos momentos.

Pero bien sé que queman, y que quiero convertirme en ceniza. Lenta, muy lentamente.


8 jul. 2011

Adamantio.



No pienso tomar una elección, esta vez no. Estoy harto de elegir por obligación.

Dijo amor antes de exiliarse.

Amar es como morir, algunos vivimos para ello.