30 jun. 2011

Billy J. está muerto.


Déjame estar lo suficientemente lejos para poder apreciar el hedor del cadáver mientras me grito que no ha pasado nada.

Medias vidas sepultan a la fuerza incluso las lápidas de sufrimientos que van más allá de lo humano. Cementerios de despedidas. Y agraciadas sean las desdichas de la vida que caen del cielo como meteoritos sobre un mar plagado de sirenas. Ayer di de arder ese maldito lugar, el cielo, y a Dios no le quedó más remedio que saltar. Los Dioses no caen siempre de pie, puedo dar, irónicamente, fe.

Pero Dios se dio cuenta en su enésimo ensayo sobre la vida, de que algo había fallado.Como esos directores que hacen con sus obras esperpentos sin darse cuenta. Cuando la escalera ha perdido demasiados escalones, no queda más remedio que dejarse caer, hasta el infierno, o quizás más allá.

Pero presta atención, mundo, Dios se ha marchado a cumplir condena, cadena perpetua por cortesía del ángel guardián de la dignidad. Y al igual que la esencia de este mensaje echado al mar sin botella, se autodestruirá en algunos miles de años.

Dios se fue sin despedir, tal y como a mi me gusta.

Diría que nada es para siempre, ni siquiera las despedidas...

Pero el silencio de Billy es eterno. Y a veces nada nos devuelve a la vida, sólo entonces vemos marcha atrás cómo nos hemos suicidado día a día de vida, día a día de maratón hacia la muerte.

Y despedirse o no es mero protocolo para decir hasta nunca.

Adiós se despidió hasta mañana.

Mañana nunca ha llegado a hoy.

Dios se fue, y el silencio de Billy ha llegado para no irse jamás.

23 jun. 2011

Diario de Ixión, quinta parte.

Oh venga, Billy, admítelo, hace tiempo que no escribes nada decente, eres un escritor acabado, sois muchos.


La pluma está apunto de tocar el suelo, no es una pluma de escribir, hace tiempo que no usa de eso, realmente nunca llegó a usarla como es debido. Fue una de sus mayores decepciones en la vida, descubrir que hoy día, es necesario usar un ordenador si quieres escribir medianamente enserio. De pequeño adoraba comprar cuadernos y que acabaran recopilados por casa. La otra gran decepción es darse cuenta de que no sirve para escribir historias largas. Sueña demasiado cuando escribe, y escribe demasiado poco tras soñar.

Otra de las grandes decepciones que ha tenido, es ver cómo la pluma cae y nadie se acuerda de ella.

Pero la mayor, será ver y presenciar cómo todo esto no pasa a formar parte de la historia, sino que morirá en ella, y no hay tumbas que visitar en cuanto a recuerdos se refiere. Los muertos no entienden de olvidos, desaparecen cuando no se les recuerda.
Hace poco se ha dado cuenta de que le cuesta escribir sin dejar párrafos cada muy poco, un uso abusivo del punto y aparte, debería decir. ¿Qué pretende ser, un creador de citas?. No, no es su meta. Así pues, consideró la idea de escribir guiones. Al fin y al cabo, cree que si puede hacer algo con su vida, ese algo tendrá que ver con el cine.

No deja de imaginarse la pluma apunto de rozar el suelo.

Pero siempre queda una esperanza para satisfacerse a uno mismo, mirar alrededor, lejos, muy lejos.

No soy capaz de transmitir ni una maldita sensación desde lo más profundo de mi corazón, no tengo idea de por qué, ya he asumido que seguiré con esa sensación hasta, probablemente, un par de semanas. A fecha x, siendo x un par de semanas antes de un verano cualquiera.

Soy, es (¿quién coño soy? ¿o quién no quiero ser?) un escritor sin inspiración, un estudiante a falta de estudiar, un cinéfilo quemando sus pupilas. ¿Pero y qué?. El mundo da asco salvo que sea visto con gafas de sol, y dándole la espalda.

Necesito volver a tener junto a mí un gato (no que sea mío, su vida es suya y punto). Añoro que los arañazos sean adorables.

Mis pequeños gatos siempre me entendieron, mi psicóloga aunque diga entenderme, sigue queriendo saber qué me ocurre. Comienzo a tenerla como mi paciente, y a hablar de ella constantemente porque realmente necesita ayuda conmigo. Comprende las teorías que se sabe de memoria, pero cuando le hablo hace disimulados oídos sordos.

La pluma hace tiempo que se llena de polvo.

Y los locos son aquellos que no quieren pasarse el día manteniendo conversaciones intrascendentes con el mundo expectante a su alrededor, aquellos que odian los valores humanos que hoy día sirven de bandera a la nación del pensamiento moderno. La globalización y su efecto globo ha debido consumir las neuronas, las cuales a su vez debían ser cuadradas. Si no, no entiendo que se hayan perdido tal proporción de ellas, al globalizarlas.

Pero en fin, supongo que el dinero cura las locuras, y la pobreza trastorna a Dios si es necesario, con tal de asegurar la integridad del fajo de billetes que hace de pisapapeles en el contrato donde el hombre vende su alma a alguien o algo que ni tan siquiera recuerda...

y ahora debe estar perdida para siempre.


Y si el dólar ha comprado la libertad, ojalá le salga defectuosa y la quiera devolver algún día. Hay quienes sabemos apreciar las imperfecciones en toda su perfección.













PD: Si Dios existiera sería igual de mono.

19 jun. 2011

12.22.14.2



Mil palabras unidas intentando alcanzar el fondo del pozo. Por segunda vez.

Nakunaru, una única forma de resumir el resultado de la carrera entre la victoria y la derrota del corazón. La segunda debe hacer trampa, gana demasiadas veces, ahora llega a parecer que ha vencido antes de comenzar la carrera.

Ya me dijo alguna vez un viejo amigo que no servía para las relaciones. Soy un tipo solitario, aceptémoslo, noche, aceptémoslo.

Seguro que de las pocas cosas que ella podría recordar haciendo memoria, es cómo me decía que era poco hablador. Sin embargo cuando habría la boca solía merecer la pena. Una parte de mi odia las conversaciones vanas, no es nada personal, de hecho es más bien general. Mi mente puede hablar por mi, por el estúpido que tenga al lado, por el listillo de delante que no me mira más que de reojo, y por aquella chica que querría filtrear con el estúpido, pero... es demasiado estúpido para darse cuenta. Por alguna razón mis labios no tienen interés ninguno en parar la mente para mantener ese tipo de conversaciones que sé, podría tener. Lo siento de verdad, me ha costado muchas relaciones personales y seguirá siendo así. 


Como dijo Vladimir Nabokov:

"Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido, hablo como un niño" .


No pienso como un genio pero lo intento, no escribo como un autor distinguido pero aspiro a ello. Sí que hablo como un niño, porque en el fondo de mí, sé que me gustaría usar la voz tan sólo para cantar, y para decir(le) "te amo", "te quiero", "te odio", "te añoro", "lo siento". Lo demás no corre tanta prisa prácticamente nunca. Eso si, a quien quiere ser mudo, la vida le da sordera, por seguro que si la ironía decide reaccionar, es así.

Me acabo de dar cuenta que ni tan siquiera tengo valor para hablar de tú a tú. Será porque he admitido que nunca leerá esto, será porque si lo leyera me daría miedo que supiera que es para ella. Si le dijera que aún espero la carta de respuesta a mi estúpida e inocente carta de finales del año pasado, incitado por ella misma, probablemente sabría que hablo de ella. Lo sabría, y me extrañaría que las consecuencias no fueran aún peores que la indiferencia. Pero no es una confesión, por desgracia en el fondo ella sabe muy bien todo esto.

Te quiero.

Le debía encantar escribirlo y leerlo por algún tipo de incitación al masoquismo. Enserio, cualquier explicación es posible para que quisiera leerlo y escribirlo, salvo que fuera por sentirlo. Nunca supe realmente si lo que sentía, o lo que siente fue o es verdad.



Escribimos demasiadas cosas que no llegamos a decir. 

Como el soldado que reúne balas por si entran en combate... poder suicidarse de forma segura.

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18 jun. 2011

El confesionario de mediodía.

-Así en la tierra como en el cielo, los pecados conservarás.

Los pecados no dejan de ser vida.

Pensándolo bien, nunca se paró a hacer autocrítica. A pesar de que miente por costumbre, a pesar de que no lleva maldad en ello, y a pesar de los pesares, pudo darse cuenta en aquel momento, aquel día, aquella mediodía, de que su problema iba más allá del conflicto social. Las máscaras a veces uno no se las pone frente a los demás, ¿para qué?. El espejo es quien más incita a enmascararse. Unos lo llaman maquillaje, otros caparazón psicológico.

Las tormentas tampoco quieren ser vistas, pero piden ayuda a las nubes. Las nubes son muy extrovertidas, da igual la época del año, que siempre querrán salir a la mínima oportunidad. Se parecen muy poco a los rostros sinceros.

Las tortugas se esconden, pero no tienen miedo de ello. Me encantan las tortugas, aunque no tengo claro si pudiera ser su amigo. Silencio mío, silencio suyo. Mudos para siempre, hasta que la muerte os desmude.

Y he de confesar que he pecado hoy, igual que ayer. Jamás me confieso sinceramente, me encanta confesar lo que me da la vagabunda gana.

Algún día el príncipe será feliz sin castillo, algún día.

12 jun. 2011

Confesiones. (IV)

Va a coger la guitarra, largarse de este asqueroso mundo y sentirse mejor.

Sea como sea, mejor.

Faltan cinco días escasos para la puta consulta con la jodida psicóloga. Hasta unas putas pastillas escogidas al azar entre toda la droga legal del mercado, harían mejor su trabajo. (Viene a mi mente DiCaprio en The Departed).

Porque un trago de más nunca sienta mal, sientan mal los anteriores, sería hora de dar un trago al más barato insecticida.

Es demasiado tarde para coger la guitarra, los vecinos duermen, por suerte sólo los vecinos.

Sabe que acabará mal, no hoy, ni probablemente mañana, pero esto sólo puede tener un final, de esos que tanto odia para las películas. Un buen día, todo acaba.

Hace tiempo que aprendió de las apariencias, y de cómo engañan. La medusa ya no necesita de serpientes, los colores ya no brillan si no quieren, y el tiempo no marca horas sino errores.

Cinco días de nuevo para sonreír y asentir a Dios, apenas unas horas para olvidar todo este pensamiento y sentirme como si acabara de nacer... y ya hubiera recibido una brutal paliza.

El polvo nunca dejará de ser polvo. Y las estrellas en el cielo iluminan lo que no puede brillar por sí solo. Para bien o para mal, ni siquiera somos capaces de ver qué brilla y qué no. He conocido gente más brillante que el trillado resplandor del sol, claro que también he conocido gente desmerecedora de cualquier adjetivo o esfuerzo por describirlas en sí.

Pero huirá. Un día, algún maldito día, y ni ella ni nadie estará con él, apenas él mismo. Pero huirá. Lejos, muy lejos. Quizá a ninguna parte. La guitarra, se la llevará. Papeles donde escribir las canciones, no, para qué, un día se acabaría el papel en blanco y notaría su falta. Ya no quiere añorar nada, está harto, muy harto. Y sabe que ese día ni tan siquiera recordará este momento, pero no importa. No importa nada, nada salvo que puede seguir escuchando los gemidos de la libertad, de la vida. Repudia respirar ese aire de ciudad, aunque a veces se deje seducir. Su destino está lejos. De hecho huir no es la palabra adecuada, digamos que buscará absolución.

Absoluciones para fantasmas que vagan por el mundo, y odian no poder decir jamás a nadie la verdad. Las mentiras sostienen la sinceridad de un mundo sobre el que caminan trozos de carne insensibles en verdad, sensibles y empáticos en mentira.

Es la historia de Adán y Eva, que desde su comienzo no deja tan siquiera morder manzana alguna. No crean todo lo que dice la Biblia, si acaso la portada, si es bonita y cara.

Adán tendrá una vida corta, asquerosa, solitaria, repleta de inútiles divagaciones interiores.

Eva sencillamente ya disfruta de una vida perfecta.

Aunque a veces creo, pienso, sé, que siempre preferiré ser el mismo Adán, para siempre.

Porque bajo el agua también se aprende a respirar. Aunque te ahogues varias veces.

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Admiro al silencio, más que a nada en el mundo.

Como dijo Mia Wallace en Pulp Fiction:

"¿No los odias?, ¿esos silencios incómodos? ¿Por qué necesitamos decir algo para rellenarlos? Es por eso que sabes que has encontrado a alguien especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio."

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PD: Me la suda por completo que la RAE no contemple "ser empático", más que nada porque... ni siquiera contempla la palabra "empatía". ¿Qué puto cachondeo es este?. Odiar cada día más tu propio país nunca es un buen suero. Quiero irme a París, a Liverpool, a Dublín, o a Helsinki. Quiero desnacionalizarme, y no nacionalizarme jamás. Quiero tantas cosas que comienza a tener sentido no tener ninguna de ellas.



10 jun. 2011

Ébano.

Tiene ganas de salir corriendo, lejos, muy lejos. Y tirar éste corazón de ébano donde jamás vuelva a encontrarlo.

Es como un crío.

Mantiene ilusiones vivas, como si tuviera toda una vida por delante. Ya ha tirado la mitad, y probablemente se pase la otra mitad recogiéndola.

Pensó el muy imbécil que la música le ayudaría. Se le olvidó evitar volverse loco. Y no se le olvida que algún día será sordo, quizás mañana, quizás pasado mañana, pero lo será.

Y sigue taponándose los oídos, y si pudiera gritaría, lo haría con toda su alma. ¿Por qué el mundo no deja gritar? Tiembla y se desespera, se vuelve a tapar los oídos para creer que puede gritar, tan sólo que no puede escucharse.

Iluso.

Maldito y estúpido iluso.


Los cuentos de hadas mataron a las hadas, una por una, a golpe de decepciones.

El centelleo de de una estrella, a lo lejos, nunca es suficiente.

El pesar de un río sobre el mar, no mueve la corriente.

Y el cuento de una estrella que alguna vez convirtió el mugriento río en un lago de cisnes...

todo mentira.




Mira cielo, este soy yo cuando no te conocía. Sonrío, ¿lo ves?

Pero eso es el pasado.

Tanto la sonrisa como tú..



Toca vivir.

(Empecemos por no morir).

6 jun. 2011

El cenicero de las balas violadas.

Marca las doce de la noche el reloj de cuco, pero no suena. Quizá esté roto, quizá haya enmudecido.

Caídas las últimas cenizas del abandonado cigarro, permanece ella tendida en el suelo, sin poder ni querer despertar. Cruza la calle desierta, apagada, escuchando el sonido de sus propios tacones sobre el ruido de la soledad, tambaleándose por la acera, perdida. Es Nueva York de los cuarenta, como en tantos sueños, pero demasiado de noche, vacía, y repleta de luces que le recordaban incluso mientras duerme, a las baldosas sobre las que está tirada, esperando a que algún sueño la saque de allí sin tener que dar un sólo paso. No le gusta caminar sobre sangre, cristales, ni los restos de su dignidad.

Él mientras tanto sigue sentado, fumando, impasible, esperando a que ella dé señales de vida.

Ella espera en vano que sus pulmones se ahoguen antes de tener que levantarse, así al menos llegaría a tener las dos rodillas sobre el suelo por primera vez desde hace mucho tiempo en aquel salón, intoxicado de gritos y gemidos de dolor, que por alguna extraña razón, no traspasan las paredes de la habitación.

El reloj marca las doce y media de la noche, sigue sin sonar. Quizá haya enmudecido, quizá no quiera despertarla.

Y el cenicero está a rebosar, dejando caer cenizas sobre el pelo de ella, por el trozo que la noche anterior él rompió de un golpe contra su cara. Era un cenicero grande, podría contener la ceniza de suficientes cigarros como para matar a alguien. Cigarros deshaciéndose en los pulmones como balas que atraviesan lentamente el corazón, como esas balas que ella nunca disparó, pero si sintió en su interior.

Él mientras tanto sigue sentado, fumando, impasible, esperando a que ella dé señales de vida.

A pesar de haberla pegado, insultado, desnudado y disparado, esta noche no puede dormir aún, no ha violado. Apaga otro cigarro y la ceniza sigue cayendo sobre el pelo de ella.

El reloj marca la una de la madrugada, y tampoco suena. Quizá no quiera despertarla, quizá esté muerta ya.

Él mientras tanto sigue sentado, fumando, impasible, esperando a que ella dé señales de vida.

Y el cenicero, mientras tanto,va contando gramo a gramo de ceniza, la fuerza con que ella va apretando el gatillo.

Hasta entonces nunca se había percatado del paso del tiempo.