31 mar. 2011

Diario de Ixión, tercera parte.

Perros adorables que recogen restos de almas sin destino alguno. Día a día, noche a noche.

Pero no hay rastro, no queda ningún rastro de ti, de mi, de momento alguno, de recuerdos ni olvidos. No le importa a esa parte de mí que odia todo cuanto puede, no le va a importar al resto de mí.

No hay forma de dormir, creo que soñé demasiado. No hay forma de despertar, quizá dormí demasiado tiempo, alguna vez, hace mucho, tanto que no soy consciente de ello. Y mañana, siéndolo aún menos, volveré a pensar igual, de la misma estúpida forma.

El día es de la serpiente, que repta por sus propias historias deslumbrantes mientras se pierde en delirios de grandeza absorbidos por la arena. La noche es de la penuria humana, desdichada desde el momento en que hizo algo más que pensar en sí misma.

Es tarde, pero no lo suficiente. Es temprano, para perder todo por enésima vez. Dignidad, añoranza, compostura, delicada e insoportable amargura, encantadores ecos de una voz desoladora proveniente de algún resquicio de cordura. Hoy día nadie quiere alejarse de la locura; ¡ni que estuviéramos cuerdos!

Ayer tenía un secreto, era algo así como que nunca fui capaz de admitirme a mi mismo una victoria de mi conciencia sobre mi ego. Los secretos mueren, este lo ha hecho tarde. Mañana lo hará alguno más, la mente nos vende bombas de relojería y baratijas varias cuando estamos sedientos de esperanzas; los secretos son lo primero, lo segundo son el resto de locuras a lo que nos aferramos. Para la locura y lo que ella provoca las baratijas son tesoros y las grandes joyas meros adornos inservibles. Los locos no tienen lugar en este mundo. Este mundo no tiene lugar en sí.

Me sincero conmigo mismo, empiezo a estar mal de la cabeza, por varias razones. Nadie puede dar fe de ello, pero la fe hace siglos que dejó de ser un medio viable para confiar en nada.

Me sincero conmigo mismo, y sé que anhelo encontrar respuestas, y más cosas que aún faltan por sincerar.

Palabras sobrantes.

Sin carne, sin ropa, sin rostro, sin voz.

"Te quiero", son las dos palabras más estúpidas del mundo, o sino, cuanto menos las más innecesarias, se dicen justamente cuando las palabras sobran. Humanos, en potencia, tanto enamoradizos como homicidas.

Ironía, la ironía la hemos creado nosotros, como cada maldita palabra, como cada maldito significado.

Maldita sea la dependencia de ambas cosas. Maldito sea el no saber cuando sobran y cuando no las palabras.

Como sentimiento aparte, están esos momentos, los cuales duran eternidades, en los que no has logrado aniquilar y exterminar un sentimiento en su totalidad, y parece disfrutar haciéndote arrastrarlo durante todo el tiempo que pueda durar tu maldecida vida.

Sigue habiendo demasiadas palabras innecesarias.

25 mar. 2011

Hiedra hecha de tinta

Esta es la historia del niño muerto a golpes, ese que nunca supo llorar.

Esto es el lamento del pañuelo llorado que quiso arder y nadie tuvo la piedad de prender.

Esto es el principio de una historia que acaba para empezar otra, y convertir en absurdo todo lo ocurrido anteriormente en la vida, recuerdos, olvidos, qué más da. Existe quien no puede recordar porqué muere o porqué vive, pero hace ambas cosas. Existe quien sabe ambas cosas, se encuentra igual de perdido.

Apuntas lo que debes hacer cuando recobres la conciencia. Esto no es una maldita atracción de feria en la que puedes regodearte del valor infantil con el que sobrevives cada día en esta asquerosa jungla que para nada es de cristal, es de roca y barro, mugrienta, cada día más. Buscamos la forma de ornamentar el fallecimiento de todo cuanto apreciamos. No, no hay forma. Estúpidos, irrisorios, para nada locuaces, por momentos abrumados por nuestras propias falacias.

Esta es la blasfemia que jamás escribirá ningún Dios, es la nota perdida en el mar de esa persona que temía no ser rescatado en aquel momento en que se abrazaba a la ternura de los delirios de estar apunto de morir.

No hay qué decir, no hay maneras de sellar labios que no deberían pronunciar ninguna palabra.

No importan las palabras cuando ni siquiera sabes quien eres, no importa lo que quieres cuando apenas sabes si de verdad sabes querer.

Perder, ganar. No te encuentro, no estás. No existo, pero tú si. No existo en ti, no desde que solo me importó tu existencia más allá de si la mía era o no.

Esto es el laberinto que un ciego dibujó antes de convertirse en lo que es. Lo que sintió antes y después carece de todo. Carecer es tan solo desdibujar aquel esbozo de motivos para vivir que alguna vez tuviste, alguna vez...

Igual que el invierno puede matar, el verano puede volverlo a hacer. Te autodestruyes y reconstruyes, juegas tus cartas, pierdes, duermes, despiertas, vuelves a jugar, ganas, duermes. Se hace pedazos tu espiral, mientes. Se hace pedazos tu espiral de nuevo, mientes. Mientes, pero dices la verdad que jamás quiso nacer.

Necesitas llorar a veces ¿recuerdas? la infancia no tiene nada que ver con la vida, está mutilada en alguna parte del desierto. Necesitas reír constantemente ¿lo olvidaste?.

Esta es la historia de aquel niño muerto por abrazos, o por su ausencia.

No, tiene que ser algo más.

Siempre es algo más, queda mucho por ser.

Soy solo un actor que olvidó su guión; y al fin y al cabo son solo palabras que no dicen nada.

23 mar. 2011

Yo, tú, él, ella y ello.

Venderte a ti mismo para poder comprar un par de bolsas de oxígeno, y poder seguir suspirando por ese guión no escrito para ti.

No existe lo que querrías ser, tampoco lo que podrías pero no has tenido oportunidad. Existe lo que eres y lo que no. No existe otro tu. Las oportunidades perdidas no existen, precisamente porque nunca han llegado a ser. Los sueños de niño no han existido jamás, tan solo han querido hacerlo.

Llueven vidas, vidas sin musas, que morirán sin haberlas tenido nunca. Almas se evaporan por la noche, mientras el pueblo duerme.

Despiertas y no recuerdas nada, quizás porque hoy siempre es ayer y mañana es el presente reprimido del frustrado.

No recuerdas, no quieres. No lees tu guión, te aburre; no lo memorizas, improvisas con la esperanza de mejorarlo. Asumes que, con el tiempo, las flores serán polvo y arena, poco más que cenizas. Los árboles serán montañas de lo mismo.

La vida a través de ese cristal que tan solo deja entrar la luz, nos hace tragar la oscuridad sin verla reflejada. Toda vida será en sí, mentiras que creerás, que te harás a ti mismo.

No eres tu espejo, eres tu. Y vienes al mundo, para esperar nacer algún día.

17 mar. 2011

Diario de Ixión, segunda parte.

A veces se fijaba en todo, era muy observador; aquel día, sin embargo, no se interesó por nada. Como si el eco de los acordes no le dejaran apenas hacer otra cosa que pensar.

Pensar, recordar y el divagar en su mente sobre si recordaría palabra a palabra, todas y cada una de las letras.

Ser músico no es como ser un traficante de emociones, más bien las divulgas a conciencia de que las fronteras son cosas tan solo de países, y las emociones poco tienen que ver con los mismos.

Unos soñaban con ganar dinero, otros encaminaron la vida a sobrevivir sin penurias, algunos, desde muy pequeños, recibieron sueño a sueño su particular ración de analgésicos, algo semejante a esos presos que despiertan un día entre rejas y reciben día a día su ración repleta de drogas que le hará sentir perfectamente; y es que los paraísos también se pueden construir a base de papel sobre mares de inconsciencia.

Pero a él nada de eso le atrajo; y aquel día realmente estaba orgulloso de su decisión. Nada ni nadie, nunca, en ningún momento, entendió qué clase de esperanzas le movían, sin sentido humano, a rechazar gran parte de la vida que el hombre lleva siglos esforzándose para sí.

Un prototipo de vida para un prototipo de ser vivo, no es nada más.


Aquel día no era más que un sueño, apunto de despertar, aferrándose a duras penas a segundos de casi vigilia.

De forma preocupante, comenzaba a encantarle hablar de sí mismo en tercera persona, y recién despertado casi prefería hacerlo como si de alguien que no existe se tratara. Cierra los ojos, los abre, el mismo lugar; mierda, has despertado.

Un mundo que hace tantas promesas  arrastra aún muchas más penas, no puede ser de fiar. De hecho, las mejores partes del contrato de la vida suelen no estar escritas.

Por razones que poco le importan, en el mencionado día no ha perdido el ansia por seguir buscando piezas de su particular puzzle.

Un puzzle, una vida. Una lección en la vida, una pieza arrojada por una cascada que hemos de coger al vuelo.


Piezas, tiempo para encajarlas antes de volvernos locos.

Ansiedad, la siente ligeramente, necesita más morfina.

Dosis, como arrancar las próximas páginas de este, o cualquier otro, diario.


Ahora es momento de volver a dormir, pero sin soñar, esta vez a golpe de realidad.

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Malba, si lees esto, durante el viaje estuve escribiendo durante una hora sin parar, con muy mala caligrafía (la estabilidad de los autobuses es realmente hilarante) y de todo ello he podido sacar dos textos. Con certeza digo que tan sólo la música melancólica, sus melodías y letras, consiguen inspirarme. Pero en cualquier caso, viajar me inspira más que nada en este mundo. Y no hacerlo me crea unas ganas y necesidad increíbles de hacerlo. Todo sea por escribir.

Post Scriptum: Una, también mal escrita, nota me recordó escribir esto último.

10 mar. 2011

Abfluß mich VI (Desángrame VI): Pétalos sin nombre.




Paz, ella sólamente buscaba eso.

Le invitó a cenar, era tarde, demasiado para que fuera algo normal, mucho menos usual. Ni siquiera tenía sentido llamarlo cenar.

Pero él aceptó.

Llega, llama a la puerta, abren. Luces apagadas, unas velas al fondo del salón, es grande, muy grande.

Ninguno de los dos sonreía muy a menudo, tampoco solían bailar, pero a ella le apetecía.

Comenzó a sonar la música, encendieron la chimenea.

Al día siguiente habían desaparecido, una nueva vida, en algún lugar, buscando algún desamparado destino, una nota diciendo "No nos busquéis, por favor" y toda una vida por delante. 

Por miedo a que los momentos preciosos se destruyan, a veces la única solución es destruir el resto de momentos. Escapa a toda racionalidad confiar en que siempre somos seres racionales. Ella no lo es, él no lo es, ninguno de los dos ha perdido su pasión por la vida, por respirar, por este mundo perdido en la nada del todo.

Y porque la pasión lo es todo, pero se pierde como si fuera nada, ella y él desaparecieron para siempre. 




Violines rotos, perdidos en la noche que no supo danzar con la soledad.

Violines gritando, pétalos ardiendo, sin flor ni cuerdas que griten ni ardan.