30 ene. 2011

Diario de Ixión, primera parte.

No son historias que me guste contar, pero...

Me sentía como puede sentirse un hombre perdido, que ha dejado todo atrás, y no halla ni tan siquiera un lugar donde caer muerto. Podría sentirme así porque al fin y al cabo era como me encontraba.

Alcohol, tenía que comprar más, así que marché temprano, cuando apenas había despertado y pasaría el resto del día consumiendo de forma degradante pero eficaz las horas, las que pudieran quedar hasta que volviera a tenderme en la cama sin ningún fin más que olvidar, no pensar. Podría buscar más opciones, pero es complicado ejercer la práctica de una teoría soñadora en momentos como este, apenas me reconozco... o no, miento, soy yo, como he sido siempre. Decadente, nostálgico, autodestructivo y fabricante, profesional y cuidadoso, de segundas vidas temporalmente estables. Dentro de nada tocará fabricar una nueva, no sé si quiero dejar de hacerlo, no sirve pensar que no debo.

Pero en el fondo esas segundas vidas son tan solo para proteger a la gente de algo que no les incumbe, o así lo quiere mi miedo. ¿El fin? Volver a ser lo que era, no hace demasiado, de hecho tampoco durante demasiado tiempo, pero apenas me importa, quiero. Tampoco he sabido nunca porqué acabó todo aquello, las conversaciones sinceras pueden hacer milagros.

-Pero él es imbécil y ella tan sólo un ente a estas alturas de todo.-

Dentro de poco habrá pasado tanto tiempo que casi será ridículo seguir con esta pantomima. Claro que no estoy bien, nada está bien, y mucho menos que ésto siga así.

Es una faena horrible que se te acabe el alcohol a altas horas de la madrugada mientras escribes tus penas porque ni siquiera recuerdas demasiado bien lo que es dormir ni estar ebrio, al menos no por la bebida. ¿Qué hay que hacer, cuanto hay que beber, para convencer a mi maldita mente de que deje de pensar en lo mismo una y otra vez?

29 ene. 2011

Vivir, sentir, morir, sentir.


Vamos, hay alguien a quien no le estremezca El lago de los cisnes, de Chaikovski? Alguien ha visto el final de Se7en y no ha sentido ganas de empuñar la pistola de Brad Pitt? Alguien que haya estado verdaderamente enamorado alguna vez, no ha sentido que en la vida, vivir o morir importan muy poco, pero sin embargo, lo que sientes importa más que todo en el mundo?

Obras que acaban tras culminar un crescendo, copas de vino que se derraman por alcantarillas, lluvias nocturnas que evitan incendios que nadie podría haber evitado. Finales equivocados, acertados, casuales, desconocidos...

Y si dentro de cuatro días apareciera mi cuerpo sin vida tras haber sufrido un coma etílico? Creo que no puedo permitírmelo, mi lista de cosas pendientes no me lo permitiría, son demasiadas cosas para hacerlas en tan poco tiempo.

Normalmente, todo guión tiene unas páginas arrancadas en mitad de una escena, y el valor nunca es suficiente para tomar una decisión, sin embargo la posibilidad de que alguien, en algún momento, arroje al río más cercano el resto del argumento de nuestra vida, enriquece el aire que nos permite continuar con toda esta grotesca tragicomedia. American beauty ya nos enseñó que saber el final no hace desmerecer al nudo de la historia, pero yo, personalmente, no quiero saber el mío, quiero sentirlo, como quiero sentir cada maldito momento que me quede por vivir.

Y sinceramente, las personas cada vez tienen menos interés por sentir la vida, en especial sentir cada rincón y resquicio de belleza que le pueda quedar a este mundo. Odio la sensación de estar rodeado de simpatía sin empatía, superficies sin interior, lágrimas sin destino, huellas sin dueño, sombras sin luz, vidas con más complejos que sueños...

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Aunque supongo que yo solo quería sentirlo una vez más.

8 ene. 2011

Abfluß mich V (Desángrame V): Melodías para piano

Un día perdió las ganas por escribirle cartas, hacía mucho tiempo desde la última vez que ella fue sincera. En sus promesas de amor nacía la hipocresía más incomprensible de la existencia, y a cada día más cerca de espirar todas y cada una de aquellas promesas eternas, más y más apestaba su voz a veneno.



Fuera como fuera, sus sueños eran insoportables, era el inquietante contoneo de ella mientras una canción únicamente a piano, una canción soñadora, se rehacía en réquiem y ella cada vez parecía más muerta, si nadie cree poder ver bailar a la muerte, él estaba cerca de hacer tal cosa.

Las noches eran su día, y dormía cuando el cuerpo no se tenía en pie, despertaba cuando no podía respirar apenas por el miedo, y temía algún día no abandonar nunca el sueño, y verla moribunda, perder la vida tal y como la canción describía, porque a veces los ojos no lo ven todo, pero basta con sentir para saber más que quien por no ser ciego cree estar frente a la realidad.


Y así, en uno de sus días, o a lo que él llamaba día, escribió la carta final, a sabiendas de que no había final para aquello.

"Querida, creo, desde hace tiempo, que estamos muertos, no puede ser verdad que los sueños parezcan la vida, y la vida un sueño, es imposible que a cada noche el infierno toque una melodía para ti, que con cuerpo de ángel te dejas embriagar y perder en ella, queriendo llevarme contigo a una vida sin final.


Por eso, tan solo puede decir... llévame, llévame de una maldita vez."

3 ene. 2011

Placebos para sentir

Para los que saltamos una vez tras otra sin paracaídas, en algún lugar del cielo debemos tener un hueco esperándonos. Aunque si fuera sincero conmigo mismo, me recordaría que no creo en el cielo, en concordancia con mi pesimismo natural. Sin embargo, hoy más que nunca deseo no ser sincero, al menos no con mi moribunda consciencia.

Lucy murió ayer, probablemente asesinada, se encontraron los restos suficientes e idóneos para pensarlo. Lucy jamás habría querido que llorara su pérdida, también supo que era imposible hacer realidad ese deseo.

Ha pasado tiempo, no sé cuanto porque hace años que quise dejar de mirar las horas, el sol, el espejo y los ojos de las personas. Todo para que nada, en su intento de hacerse sitio en mi memoria, en mi mente, aleje a Lucy de mi.

Sé que me espera un lugar, porque lo vi en mis lágrimas, porque aún nada ha logrado separarme de aquel día, porque el tiempo y espacio pueden morir a base de amor, porque hay cosas que no alcanza la vida, porque podemos ser más que el aire que respiramos. Porque enterrar algo no significa nada, porque estamos enterrados desde que nos condenamos a este ataúd tan efímero como una vida, una vida que no contiene nada, repleta de miradas que se petrifican en el primer susurro que nos dice la palabra "quiero" precedida por un "te", pero los labios olvidan besar después de la muerte, y se pudren entre arena y sombra.

Para los que nunca estuvimos ni estaremos enterrados, siempre nos esperará la luz de algún lugar, el que quiera que sea, no hacen falta dioses, no hacen falta vidas eternas, Lucy y yo existimos para siempre en un mismo lugar, ni vida ni muerte, ni cielo ni tierra, nunca ha habido nada de eso.

PS: Como nota para cierto amigo, Lucy no es más que un nombre escogido al azar entre varios con sonoridad apropiada, sólo eso.